En pleno debate sobre si el gasto masivo en inteligencia artificial es excesivo, algunos analistas ven justo lo contrario en Amazon: una oportunidad que el mercado no está valorando correctamente. Según defiende Brian Nowak, de Morgan Stanley, la compañía podría ser uno de los grandes ganadores “silenciosos” del ciclo de la IA, con un potencial alcista cercano al 50% desde los niveles actuales.
La tesis se apoya en dos pilares muy claros: el crecimiento de Amazon Web Services (AWS) y la transformación del negocio minorista gracias a la IA. A pesar de que el ambicioso plan de inversión en centros de datos ha generado inquietud, el argumento es que ese gasto es precisamente el combustible que puede acelerar el crecimiento futuro.
El presupuesto de capital previsto para los próximos ejercicios ha despertado temores de sobreinversión. Sin embargo, desde Morgan Stanley sostienen que el mercado está interpretando mal esa señal. AWS viene de acelerar su crecimiento hasta el 24%, su mejor ritmo en más de tres años, y podría superar el 30% si la nueva capacidad de centros de datos entra en funcionamiento al ritmo previsto.
El análisis parte de una idea sencilla: el retorno sobre el capital invertido en AWS está hoy por debajo de su media histórica. Si ese rendimiento mejora ligeramente, el impacto en ingresos podría ser muy significativo y situar el crecimiento claramente por encima de las previsiones actuales del mercado.
La demanda de infraestructura de IA sigue siendo elevada, pero los grandes proveedores cloud han sufrido limitaciones de capacidad. A medida que Amazon desbloquee esa restricción, la pendiente de crecimiento podría inclinarse con más fuerza de lo que descuentan hoy las estimaciones para 2026 y 2027.
El segundo vector de crecimiento es menos visible, pero igual de relevante. La irrupción del comercio agéntico —donde agentes de IA realizan búsquedas y compras por el usuario— puede convertirse en una oportunidad estructural para Amazon. Herramientas como Rufus, su asistente basado en IA, ya han mostrado mejoras medibles en el valor bruto de mercancías.
Aquí Amazon parte con ventaja competitiva: dispone de una base de datos masiva de hábitos de compra, una infraestructura logística difícil de replicar y un ecosistema tecnológico capaz de integrarse tanto con soluciones propias como con plataformas externas. En un entorno donde agentes como ChatGPT, Gemini o herramientas similares guíen decisiones de compra, la plataforma que concentre inventario, datos y capacidad de entrega tendrá un papel central.
La combinación de datos de consumo, red logística y capacidad tecnológica posiciona a Amazon como pieza clave en cualquier modelo de compra automatizada impulsado por IA, ya sea dentro de su propio ecosistema o en colaboración con terceros.
Pese a este escenario, la acción ha atravesado un periodo complicado y cotiza muy por debajo de sus máximos recientes. En términos relativos, Amazon presenta múltiplos que implican descuento frente a comparables tecnológicos, especialmente si se tiene en cuenta el crecimiento potencial derivado de la IA.
Incluso bajo el escenario más optimista planteado por Morgan Stanley, la compañía seguiría negociándose con descuento respecto a su grupo de referencia. Esto sugiere que el mercado continúa penalizando la incertidumbre a corto plazo y el elevado gasto en capital, mientras podría estar infravalorando la capacidad de monetización futura.
En definitiva, la tesis es clara: si AWS acelera hacia crecimientos superiores al 30% y el comercio agéntico gana tracción real, Amazon podría no solo recuperar terreno perdido, sino liderar una nueva fase del ciclo tecnológico. La cuestión no es si la IA transformará el negocio, sino cuánto tardará el mercado en reconocer plenamente ese potencial.