La inteligencia artificial generativa ha sido uno de los grandes motores del año, con un uso masivo de herramientas como ChatGPT y soluciones competidoras. Sin embargo, el mercado empieza a mirar más allá del entusiasmo y a centrarse en un punto clave: el coste de financiar la infraestructura necesaria para sostener esta carrera, especialmente en hardware y centros de datos.
El argumento es sencillo: los hiperescaladores están incrementando de forma agresiva el gasto de capital para expandir y modernizar sus plataformas. A largo plazo, este esfuerzo podría tener sentido si se traduce en ventaja competitiva y monetización real. Pero, en el corto plazo, el mercado teme un escenario de más deuda, más presión en márgenes y, por tanto, valoraciones menos generosas en 2026.
La tesis que se abre paso: el “capex” de IA no se discute; lo que se discute es el timing y cuánto dolor bursátil puede haber antes de ver retorno.
Un ejemplo reciente ha sido Oracle, que sufrió fuertes ventas tras publicar resultados con un desempeño inferior al esperado en áreas clave de nube e infraestructura, coincidiendo además con un aumento significativo de su proyección de inversión. Para muchos inversores, este episodio actúa como aviso de lo que puede ocurrir cuando el mercado percibe que el gasto se acelera sin una visibilidad clara sobre el retorno.
Si se consolida la idea de que las acciones ligadas a la IA podrían vivir un periodo de pausa o estancamiento en 2026, es razonable que algunos inversores intenten adelantarse y busquen compañías con valoraciones más contenidas, que estén en fase de recuperación o con planes creíbles de mejora operativa.
En ese marco, también se pone el foco en señales internas, como las compras de acciones por parte de directivos en compañías alejadas de la narrativa IA, un indicador que históricamente ha servido como termómetro de confianza en determinados momentos del ciclo.
A pesar del ruido en torno a las valoraciones y de las correcciones puntuales en algunas grandes tecnológicas, el mercado en su conjunto continúa mostrando fortaleza, con el S&P 500 marcando máximos. Parte de esta resiliencia se explica por una base más amplia de participación y por la expectativa de que el crecimiento económico, aunque moderado, siga sosteniendo beneficios.
En paralelo, la política monetaria sigue siendo un factor relevante. Con recortes recientes y un debate interno sobre el ritmo futuro, el coste del dinero puede influir en cómo se valoran los grandes planes de inversión. El mensaje final es claro: 2026 podría premiar más la selección y la disciplina que la pura euforia temática.