Los mercados globales afrontan la última sesión de la semana con una mezcla de cautela y resistencia. Según Katrina Bishop, los inversores han aprendido a moverse en un entorno donde las noticias geopolíticas cambian con rapidez y donde la confianza sigue siendo un activo escaso. La extensión del alto el fuego entre Israel y Líbano ofrece algo de alivio, pero no elimina las dudas de fondo.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el jueves que Israel y Líbano habían acordado prolongar la tregua durante otras tres semanas tras una reunión en la Casa Blanca con altos cargos estadounidenses. El acuerdo da más margen a los esfuerzos diplomáticos, aunque los mercados siguen sin interpretar esta prórroga como una solución estable.
La tregua temporal, que inicialmente debía expirar tras diez días, permite ganar tiempo en el frente diplomático. Sin embargo, el foco principal sigue estando en el estrecho de Ormuz, que continúa cerrado y mantiene elevada la tensión en los mercados energéticos.
Trump afirmó el jueves que había ordenado a la Marina estadounidense “disparar y matar” a cualquier embarcación que estuviera colocando minas en esta vía marítima estratégica. Este tipo de mensajes refuerza la percepción de que el conflicto sigue lejos de una desescalada real, pese a los avances parciales en otros frentes.
La tregua reduce el riesgo inmediato, pero no reconstruye la confianza. El mercado sigue operando bajo la hipótesis de que cualquier titular sobre Ormuz puede cambiar el tono de la sesión.
Los precios del crudo continúan reflejando la tensión geopolítica. El Brent avanzaba un 0,41%, hasta los 105,5 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate estadounidense subía ligeramente, hasta situarse en torno a los 95,93 dólares.
La Agencia Internacional de la Energía elevó el tono de alerta. Su director ejecutivo, Fatih Birol, señaló en CNBC CONVERGE LIVE que el mundo se enfrenta a la “mayor amenaza de seguridad energética de la historia”. La frase resume bien el temor del mercado: la crisis no solo afecta al precio del petróleo, sino también a inflación, transporte, márgenes empresariales y crecimiento global.
En Europa, los principales índices apuntaban a una apertura a la baja, cerrando una semana complicada para la renta variable. Los futuros estadounidenses, en cambio, mostraban un tono mixto: el Dow Jones apuntaba a una apertura negativa, mientras que los futuros del S&P 500 y del Nasdaq cotizaban en verde.
En Asia-Pacífico, el comportamiento también fue desigual. El Nikkei 225 japonés subía alrededor de un 0,8% después de que la inflación subyacente del país acelerara por primera vez en cinco meses. En cambio, el Hang Seng de Hong Kong cedía un 0,15% y el Kospi surcoreano retrocedía un 0,23%.
Los líderes europeos se reúnen este viernes en Chipre por segundo día consecutivo, con el estrecho de Ormuz, la seguridad energética y el presupuesto como principales temas de discusión. Además, la Unión Europea aprobó finalmente un préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania, una decisión relevante en el frente geopolítico y presupuestario.
También vuelve a destacar DeepSeek, después de que la compañía china de inteligencia artificial publicara una versión preliminar de su esperado modelo abierto V4. La empresa ya sacudió al mercado en marzo de 2025 con su modelo de razonamiento R1, que sorprendió por su rendimiento y por su menor coste de desarrollo frente a competidores estadounidenses.
La sesión deja un mensaje claro: los inversores no están en modo pánico, pero tampoco confían plenamente en la estabilidad del escenario. El mercado aguanta, aunque cada vez depende más de que el petróleo no rompa al alza y de que la diplomacia compre algo más de tiempo.
En conjunto, la jornada combina una tregua extendida, bolsas contenidas y petróleo todavía tensionado. La confianza sigue frágil y el mercado entra en el fin de semana con una pregunta central: si la diplomacia será suficiente para evitar que la crisis energética se convierta en un problema más profundo para la economía global.