La jornada llega con una agenda macroeconómica claramente concentrada en la sesión estadounidense. Según Giuseppe Dellamotta, los inversores estarán pendientes sobre todo del informe de empleo no agrícola de EE.UU., los datos laborales de Canadá y la encuesta de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan.
El telón de fondo sigue siendo complejo. Los mercados no solo analizan cada dato por su impacto inmediato en crecimiento o empleo, sino también por cómo puede alterar las expectativas sobre tipos de interés en un contexto marcado por la guerra entre Estados Unidos e Irán, los precios elevados de la energía y las dudas sobre la persistencia de la inflación.
El mercado no mira únicamente si los datos salen fuertes o débiles. La clave está en cómo combinan empleo, salarios, petróleo e inflación en la función de reacción de los bancos centrales.
En Europa, la agenda macroeconómica será reducida. Entre las referencias previstas destacan la producción industrial de España y la confianza del consumidor en Suiza, aunque ninguno de estos indicadores parece tener suficiente peso como para modificar las expectativas sobre los respectivos bancos centrales.
Por ello, la reacción del mercado europeo debería estar más condicionada por factores externos: la evolución del petróleo, las noticias procedentes de Oriente Medio, las amenazas comerciales de Trump contra la Unión Europea y la espera de los grandes datos estadounidenses.
En Canadá, el consenso espera la creación de 10.000 empleos en abril, por debajo de los 14.100 puestos generados en marzo. La tasa de desempleo se mantendría estable en el 6,7%.
El Banco de Canadá ya ha reconocido que el mercado laboral muestra señales de debilidad, con un crecimiento moderado del empleo durante el último año y pérdidas en sectores afectados por los aranceles estadounidenses. La tasa de paro se mantiene en una zona elevada, entre el 6,5% y el 7%, reflejando tanto una contratación débil como una menor búsqueda activa de empleo.
Sin embargo, la lectura del dato no será puramente doméstica. El gobernador Tiff Macklem ha advertido de que una persistencia de precios energéticos elevados podría exigir subidas de tipos, lo que convierte al petróleo y al conflicto en Oriente Medio en variables centrales para la política monetaria canadiense.
La principal referencia será el informe de empleo no agrícola de Estados Unidos. Se espera que la economía haya creado 62.000 puestos de trabajo en abril, frente a los 178.000 de marzo. La tasa de desempleo se mantendría en el 4,3%.
También será relevante la evolución de los salarios. El consenso prevé que el salario medio por hora avance un 3,8% interanual, frente al 3,5% anterior, mientras que en tasa mensual subiría un 0,3%, una décima más que en el mes previo.
Los datos laborales estadounidenses han venido mostrando fortaleza de forma persistente, y las últimas solicitudes semanales de subsidio por desempleo volvieron a apuntar a una mejora del mercado laboral. El problema para la Reserva Federal es que un empleo resistente, combinado con energía cara, bolsas en máximos y una inflación todavía por encima del objetivo del 2%, puede complicar mucho el mensaje monetario.
Un mercado laboral demasiado firme puede dejar a la Fed en una posición incómoda: sin margen claro para recortar y con el riesgo de que las condiciones financieras sigan relajándose demasiado.
Dellamotta plantea un escenario especialmente relevante para los mercados. Si la guerra terminara, el Estrecho de Ormuz se reabriera y el petróleo volviera a niveles previos al conflicto, los inversores podrían empezar a descontar con más fuerza recortes de tipos por parte de la Reserva Federal.
Ese alivio inicial tendría una lectura positiva para los activos de riesgo, pero también podría generar un efecto secundario peligroso: unas condiciones financieras más laxas, mayor actividad económica, presión adicional sobre salarios y una inflación más persistente.
En el peor de los casos, esa dinámica podría obligar a la Fed a cambiar de rumbo y volver a endurecer su política monetaria. Un giro de ese tipo sería negativo para la renta variable y podría provocar una fuerte apreciación del dólar estadounidense.
La propia Fed empieza a mostrar cierta inquietud. Beth Hammack señaló ayer que escucha entre las empresas preocupaciones sobre el riesgo de que una mentalidad inflacionista empiece a arraigarse en consumidores y compañías.
La jornada también contará con varias intervenciones de miembros de bancos centrales, aunque todos ellos son considerados de perfil neutral:
El dato clave será el empleo estadounidense, pero su interpretación dependerá del contexto. Una cifra fuerte puede reforzar la idea de una economía resistente, aunque también aumentaría las dudas sobre una inflación más persistente. Una cifra débil, en cambio, podría alimentar las expectativas de recortes, pero solo si el precio de la energía deja de presionar.
En este entorno, el mercado seguirá muy sensible a cualquier novedad sobre Oriente Medio, el Estrecho de Ormuz y la evolución del crudo. La agenda macro importa, pero hoy vuelve a estar filtrada por una cuestión más amplia: hasta qué punto la combinación de empleo firme y energía cara puede limitar el margen de actuación de los bancos centrales.