Las tensiones vuelven a intensificarse en el estrecho de Ormuz después del ataque contra tres petroleros, atribuido por Estados Unidos a Irán, y de la posterior respuesta iraní. La reanudación de las hostilidades introduce una elevada incertidumbre sobre el acuerdo preliminar alcanzado entre ambos países hace apenas dos semanas.
Según explica Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE, ambas partes tienen mucho que perder si el conflicto vuelve a escalar. También la economía mundial se vería seriamente afectada en caso de que el estrecho permaneciera cerrado durante un periodo prolongado.
El repunte de las tensiones ya se ha trasladado al mercado energético. El precio del petróleo ha subido alrededor de un 6,5% desde sus mínimos recientes, aunque el movimiento continúa siendo relativamente moderado frente a la gravedad potencial del escenario.
LBP AM mantiene como hipótesis central una próxima reapertura del estrecho y conserva una visión optimista sobre los mercados de cara al próximo mes. Sin embargo, la gestora reconoce que ha aumentado la probabilidad de un escenario más adverso, especialmente si los enfrentamientos se prolongan o afectan de forma duradera al suministro mundial de crudo.
Por el momento, los mercados financieros apenas han reaccionado al encarecimiento del petróleo. Las principales bolsas internacionales han conservado su tendencia alcista, mientras que la deuda pública ha recuperado prácticamente todo el terreno perdido tras conocerse los primeros ataques militares.
Esta relativa tranquilidad refleja que los inversores continúan confiando en una contención del conflicto y en una reapertura relativamente rápida de las rutas energéticas. No obstante, una escalada adicional podría provocar un nuevo aumento de la inflación, deteriorar las perspectivas económicas y elevar la volatilidad.
En el ámbito macroeconómico, las referencias publicadas durante los últimos días han sido escasas. La principal novedad han sido las actas de la reunión de junio de la Reserva Federal, que volvieron a poner de manifiesto las divisiones existentes dentro del banco central estadounidense.
Una parte de sus miembros defiende mantener sin cambios los tipos de interés, mientras que otro grupo considera necesario elevarlos antes de que termine el año.
Paris Horvitz considera que la Fed evitará reaccionar de manera excesiva ante las actuales presiones inflacionistas, aunque mantiene la previsión de que el organismo podría aprobar una subida de tipos a finales de 2026.
En Japón, los últimos datos salariales mostraron una ligera desaceleración del crecimiento de las retribuciones, atribuida principalmente a factores estacionales.
A pesar de ello, la debilidad del yen frente al dólar añade presión sobre el Banco de Japón. La depreciación de la moneda encarece las importaciones y puede alimentar nuevamente la inflación, aumentando los argumentos para que la autoridad monetaria adopte una política más restrictiva.
En conjunto, los mercados siguen apostando por una estabilización geopolítica, pero el margen de seguridad se ha reducido. La evolución del estrecho de Ormuz y del precio del petróleo será determinante para comprobar si la calma actual puede mantenerse.