La tensión energética en Oriente Medio continúa escalando y uno de los focos principales vuelve a ser la isla iraní de Kharg. Según explica Lee Ying Shan, el presidente estadounidense Donald Trump ha advertido que podría atacar la infraestructura petrolera de este enclave estratégico si Irán no permite la reapertura del estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave para el suministro energético mundial.
El viernes por la noche, Estados Unidos ordenó ataques contra objetivos militares en la isla de Kharg. Según Washington, las operaciones se dirigieron únicamente contra instalaciones militares y no afectaron a la infraestructura petrolera. Sin embargo, el mensaje implícito es claro: el siguiente paso podría ser el petróleo.
Tal y como señaló Vandana Hari, fundadora de Vanda Insights, el ataque debe interpretarse como una advertencia directa a Teherán. Si el estrecho de Ormuz continúa cerrado y se mantienen los ataques contra buques mercantes, la terminal petrolera de Kharg podría convertirse en el próximo objetivo.
La advertencia de Washington es clara: el bloqueo de Ormuz podría pagarse con un golpe directo al principal motor económico de Irán.
La importancia de Kharg para Irán es difícil de exagerar. Esta pequeña isla coralina, situada a unos 24 kilómetros de la costa iraní en el Golfo Pérsico, gestiona aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo del país. Su terminal tiene una capacidad de carga cercana a los 7 millones de barriles diarios, lo que la convierte en uno de los centros energéticos más sensibles de toda la región.
Según estimaciones citadas por JPMorgan, un ataque que dejara fuera de servicio esta terminal paralizaría prácticamente de inmediato la mayor parte de las exportaciones petroleras iraníes, que actualmente rondan los 1,5 millones de barriles diarios. Además, reconstruir la infraestructura podría llevar años, privando al país de su principal fuente de ingresos.
Los analistas advierten, no obstante, que atacar Kharg podría provocar una reacción en cadena. Según Edward Fishman, del Council on Foreign Relations, Teherán probablemente respondería ampliando los ataques contra infraestructuras energéticas en la región, incluyendo objetivos estratégicos como Abqaiq en Arabia Saudí, uno de los mayores centros de procesamiento de petróleo del mundo.
Incluso si el ataque no se produjera finalmente, el simple hecho de que Kharg esté en el punto de mira ya está influyendo en el mercado. Los analistas destacan que las primas de seguro por riesgo de guerra y los costes logísticos podrían mantenerse elevados durante mucho tiempo, incluso después de que termine el conflicto.
Según Jeff Currie, responsable de estrategia energética en Carlyle y exdirector de materias primas de Goldman Sachs, el conflicto está acelerando un cambio estructural en el mercado energético global. En este nuevo escenario, los riesgos de seguridad pasan a integrarse directamente en los precios de las materias primas.
Esto implica que los costes adicionales derivados de seguros, almacenamiento, diversificación de proveedores o renegociación de contratos podrían convertirse en una característica permanente del mercado energético. En otras palabras, el conflicto no solo afecta al precio inmediato del petróleo, sino también a la estructura futura de las cadenas de suministro.
De momento, los precios del crudo siguen reflejando esta incertidumbre. El Brent, referencia internacional, se situaba en torno a los 104 dólares por barril, manteniéndose claramente por encima del nivel psicológico de los 100 dólares.
Reflexión Capital Bolsa: Kharg se ha convertido en el gran punto de presión de la guerra energética. No es necesario destruirla para alterar el mercado: basta con que esté bajo amenaza para que el petróleo incorpore una prima de riesgo estructural. Si la tensión se mantiene, el mundo podría entrar en una nueva etapa donde la seguridad de las rutas energéticas pase a ser tan importante como la oferta y la demanda.
