La mayor petrolera del mundo, Saudi Aramco, ha tratado de tranquilizar a los mercados energéticos asegurando que podría recuperar su producción plena en cuestión de días si el tráfico marítimo vuelve a la normalidad en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más críticas del planeta.
Durante una conferencia con inversores para presentar los resultados de 2025, su consejero delegado, Amin Nasser, explicó que la compañía está preparada para reactivar rápidamente su capacidad productiva si el estrecho vuelve a abrirse al transporte marítimo internacional.
El Estrecho de Ormuz es uno de los puntos estratégicos más importantes del sistema energético global. Por él transita una parte muy relevante del comercio mundial de petróleo, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de enorme sensibilidad para los mercados.
El propio Nasser advirtió de que una interrupción prolongada del tránsito por esta vía tendría consecuencias potencialmente catastróficas tanto para el mercado petrolero como para la economía mundial.
El problema se agrava por un factor estructural: gran parte de la capacidad excedentaria de producción del mercado global se encuentra precisamente en Oriente Medio, lo que aumenta la dependencia de esta región y de sus rutas marítimas.
Para mitigar parte del riesgo logístico, Aramco está trabajando en redirigir parte de sus exportaciones hacia el Mar Rojo utilizando su oleoducto este-oeste, la principal alternativa terrestre para evitar el paso por el Golfo Pérsico.
Actualmente la compañía produce alrededor de 7 millones de barriles diarios y espera poder redirigir en breve unos 5 millones de barriles al día hacia su terminal en Yanbu, en la costa del Mar Rojo.
Esta infraestructura permite mantener parte del flujo exportador incluso en un escenario de tensión en el Golfo, aunque no sustituye completamente la capacidad de transporte marítimo habitual de la región.
Aramco también destacó que la demanda global de petróleo podría aumentar en 1,1 millones de barriles diarios durante 2026, lo que elevaría el consumo mundial hasta los 107 millones de barriles al día.
Ese crecimiento refuerza la importancia de mantener abiertas las rutas energéticas estratégicas, especialmente en un contexto de tensiones geopolíticas que ya han provocado episodios de volatilidad en el precio del crudo.
En paralelo a estas declaraciones, la petrolera saudí presentó unos resultados anuales robustos. Aramco registró un beneficio neto ajustado de 392.000 millones de riales saudíes (unos 105.000 millones de dólares), ligeramente por encima de las previsiones del mercado.
Además, la compañía generó cerca de 85.000 millones de dólares de flujo de caja libre, anunció un programa de recompra de acciones de 3.000 millones de dólares y elevó su dividendo trimestral un 3,5%.
Sin embargo, pese a la subida del petróleo, la cotización de Aramco se ha quedado rezagada frente a otras energéticas. Sus acciones acumulan una ligera caída en 2026, mientras que el ETF energético estadounidense ha subido con fuerza y el Brent llegó a dispararse más de un 50% durante la crisis reciente.
Las palabras de Aramco reflejan una realidad incómoda para los mercados: el sistema energético global depende de un puñado de rutas estratégicas extremadamente vulnerables. El Estrecho de Ormuz es probablemente la más crítica de todas.
Mientras el conflicto se mantenga contenido, el mercado seguirá reaccionando con episodios de volatilidad más que con un shock estructural. Pero si el bloqueo del estrecho se prolongara, el petróleo podría convertirse rápidamente en el principal riesgo macro global.