El mercado de la plata está en plena ebullición. Desde principios de noviembre el precio acumula una subida cercana al 40% y esta semana se ha movido por encima de los 65 dólares por onza. A simple vista, el relato dominante habla de demanda física fuerte y de escasez regional. Sin embargo, al mirar los números con lupa, el origen del rally parece bastante menos “físico” de lo que se repite en titulares.
Como explica Carsten Menke, responsable de Next Generation Research en Julius Baer, lo que está marcando la diferencia es el comportamiento del mercado de futuros en China. El repunte, cada vez más, está alimentado por el apetito especulativo y por un mercado que se mueve a golpe de inercia.
Es cierto que hay entradas en productos respaldados físicamente, pero no todo encaja con una historia de demanda física desbordada. En Estados Unidos, por ejemplo, las ventas acumuladas del año de monedas American Eagle de plata se han reducido a la mitad frente al año pasado. Y eso ocurre pese a que la plata fue añadida a la lista estadounidense de minerales críticos a principios de noviembre, un cambio que incluso abre la puerta a posibles aranceles a la importación.
Si el rally fuera puramente “físico”, algunos termómetros minoristas deberían verse más calientes. Y, por ahora, no lo están de forma consistente.
En China, las entregas físicas de plata a través de la Shanghai Gold Exchange suben más de un 20% interanual (unas 400 toneladas adicionales), una cifra que suele interpretarse como un buen proxy de demanda de inversión. Pero aquí aparece una contradicción interesante: las importaciones de plata muestran debilidad. En lo que va de año, China habría importado alrededor de 2.500 toneladas, el nivel más bajo en diez años y unas 600 toneladas menos que en 2024.
El resultado es lógico: con menos metal entrando, los inventarios vinculados a la bolsa han ido cayendo. Esto ayuda a tensar el sentimiento, pero no explica por sí solo el ritmo del movimiento en el precio.
Donde el gráfico se enciende de verdad es en la Shanghai Futures Exchange. Según Menke, los volúmenes semanales negociados han saltado desde aproximadamente 30.000 toneladas a comienzos de año hasta más de 100.000 toneladas recientemente. Para dimensionarlo: la oferta física anual ronda las 36.000 toneladas.
También se ha disparado la “velocidad”: cada contrato abierto llega a negociarse más de dos veces al día. Traducido a lenguaje llano, lo que está echando leña al fuego son principalmente operaciones especulativas en futuros, más que una escasez física estructural que justifique, por sí sola, una subida tan vertical.
Un mercado pequeño, muy apalancable y con volumen especulativo creciente suele moverse por impulso: cuando entra el dinero, el precio corre; cuando se gira, la corrección también puede ser rápida.
Desde Julius Baer reconocen que el telón de fondo macro sigue jugando a favor: crecimiento más lento en EE. UU., tipos más bajos y un dólar más débil suelen apoyar a la plata. El matiz, y no es menor, es que el precio parece cada vez más despegado de ese soporte fundamental. El mercado está reaccionando más a la inercia y al posicionamiento que a un equilibrio físico clásico de oferta-demanda.
La conclusión es incómoda pero clara: la plata se está moviendo por momentum y, mientras los futuros chinos sigan empujando, el camino de menor resistencia sigue apuntando hacia arriba. A la vez, esa misma dinámica aumenta la fragilidad del movimiento, porque cuando el impulso se enfría, el precio suele recordarnos lo rápido que subió.