La violenta caída del oro del pasado viernes, la mayor en casi medio siglo, no ha cambiado de forma sustancial el posicionamiento de los inversores más sofisticados. De hecho, mientras el metal precioso se desplomaba más de un 10%, el mercado de opciones reflejaba un mensaje muy distinto: una parte del capital seguía apostando por escenarios extremadamente alcistas para finales de año.
Según un análisis del equipo de materias primas de Société Générale, liderado por Mike Haigh, durante el desplome se detectaron operaciones en opciones que apuntaban a precios del oro en niveles de 10.000, 15.000 e incluso 20.000 dólares por onza para finales de 2026. Estas apuestas se realizaron precisamente en el momento de mayor tensión, lo que sugiere que parte del mercado interpretó la caída como una oportunidad para posicionarse a largo plazo.
Tras el ajuste, los futuros del oro llegaron a rebotar alrededor de un 6%, situándose de nuevo cerca de los 4.925 dólares por onza. Para los analistas, este comportamiento refuerza la idea de que el movimiento del viernes estuvo más relacionado con el cierre forzado de posiciones que con un cambio estructural en las expectativas sobre el metal.
Aunque también aumentaron las posiciones en opciones de venta con strike en torno a los 4.000 dólares, las apuestas bajistas extremas fueron mucho menos relevantes. Este perfil asimétrico de riesgo se interpreta como un indicador de sentimiento todavía constructivo, pese a la elevada volatilidad.
El desencadenante inmediato de la corrección fue la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal. Según explican los analistas, esta decisión redujo la percepción de “caos institucional” en la Fed, un factor que había estado impulsando al oro durante meses. Al disiparse parte de ese riesgo, el mercado reajustó rápidamente las expectativas sobre el dólar y los tipos de interés, empujando ambos al alza y presionando al metal precioso.
En otras palabras, varios de los riesgos que el mercado había incorporado a los precios del oro se eliminaron de golpe, provocando un ajuste abrupto en las valoraciones a corto plazo.
Société Générale subraya que este tipo de movimientos son habituales cuando el posicionamiento está extremadamente cargado. En estos casos, pequeños cambios en el relato macro pueden desencadenar liquidaciones forzadas de gran magnitud.
Otro elemento clave fue el nivel histórico de posicionamiento largo en oro. Datos recientes mostraban que las posiciones netas largas alcanzaban los 78.000 millones de dólares, el nivel más alto jamás registrado. Este exceso de exposición dejó al mercado vulnerable a ventas forzadas cuando se activaron stop-loss, aumentaron las llamadas