El comportamiento reciente del oro y la plata ha sorprendido a parte del mercado. Tras subir con fuerza cuando se intensificó el conflicto en Oriente Medio, ambos metales han retrocedido con rapidez en los últimos días. El oro ha llegado a caer aproximadamente un 7% desde los máximos alcanzados tras la escalada, mientras que la plata ha sufrido un ajuste cercano al 19%.
Para Julius Baer, este movimiento no significa que los metales preciosos hayan dejado de ser refugios. Más bien refleja un punto que a menudo se pasa por alto: no todos los riesgos impulsan al oro y la plata de la misma forma.
El factor clave detrás de la caída reciente ha sido el fortalecimiento del dólar, que vuelve a actuar como refugio en episodios de tensión geopolítica.
El banco señala dos factores principales detrás del retroceso. El primero es el dólar fuerte, que históricamente tiende a presionar a los metales preciosos. El segundo es el ajuste de posiciones especulativas en el mercado de futuros.
En las últimas semanas había aumentado el posicionamiento especulativo, especialmente en plata. Eso elevó la sensibilidad de ambos metales a los movimientos del dólar a niveles poco habituales: aproximadamente seis veces más de lo normal en el caso del oro y diez veces más en la plata.
Otro elemento interesante del análisis es el comportamiento histórico de estos activos tras crisis geopolíticas. Según Julius Baer, el rendimiento medio del oro y la plata uno y tres meses después de una escalada geopolítica suele ser ligeramente negativo.
La gran excepción fue la crisis del petróleo de 1979, cuando el shock energético provocó un impacto económico profundo y elevó de forma duradera el precio de ambos metales.
En el escenario actual, la entidad considera más probable un pico corto en los precios de la energía que no cause un daño significativo a la economía global, lo que limita el potencial alcista estructural de los metales.
El banco recuerda que el oro sigue siendo un activo refugio claro dentro de las carteras. Su función principal es proteger frente a la depreciación monetaria y la pérdida de valor de las divisas fiduciarias, algo que explica su comportamiento positivo cuando surgen dudas sobre el papel del dólar como moneda de reserva global.
La plata comparte parcialmente esta característica, pero tiene una diferencia clave: es también un metal industrial. Por ello, reacciona con mayor intensidad a las expectativas de crecimiento económico, lo que la hace menos eficiente como cobertura ante episodios geopolíticos.