Las bolsas estadounidenses han mostrado un comportamiento relativamente mejor que sus equivalentes internacionales en las últimas sesiones. Sin embargo, esta aparente fortaleza tiene un matiz importante: los índices de Estados Unidos no han subido más que el resto del mundo, sino que simplemente han caído menos.
Según un análisis de Bespoke Investment Group, el diferencial de rentabilidad acumulado en dos sesiones entre el ETF que replica el S&P 500 y el ETF global que incluye acciones internacionales ha alcanzado su nivel más amplio desde la crisis financiera de 2008.
El diferencial de comportamiento entre la renta variable estadounidense y la internacional ha superado los cinco puntos porcentuales en apenas dos sesiones.
Los movimientos recientes han sido especialmente intensos. Mientras el ETF SPY, que replica el S&P 500, retrocedía aproximadamente un 1,7% desde el cierre del viernes hasta las primeras operaciones del martes, el ETF global CWI acumulaba una caída cercana al 6,8%.
Esto supone una diferencia de más de cinco puntos porcentuales en apenas dos sesiones bursátiles. Desde que el ETF CWI comenzó a cotizar en 2007, sólo se han registrado dos episodios con un diferencial mayor, ambos durante la crisis financiera de 2008.
La explicación principal detrás de esta divergencia se encuentra en el mercado energético. El fuerte repunte del petróleo provocado por la tensión geopolítica ha penalizado especialmente a las economías más dependientes de las importaciones de energía.
Estados Unidos se encuentra en una posición estructuralmente distinta, ya que en los últimos años se ha convertido en exportador neto de energía. Este factor ha actuado como un amortiguador frente al shock energético que sí afecta con mayor intensidad a otras regiones.
Europa y Asia, mucho más dependientes de las importaciones energéticas de Oriente Medio, son las regiones que más están sufriendo el impacto del repunte del petróleo.
En consecuencia, los mercados de estas regiones han reaccionado con caídas más pronunciadas, mientras que la renta variable estadounidense ha logrado mantener un comportamiento relativamente más estable en comparación con sus pares internacionales.