La tregua de dos semanas anunciada entre Estados Unidos e Irán puede marcar un punto de inflexión en esta última fase del conflicto. Esa es la lectura de Christian Gattiker, responsable de análisis en Julius Baer, que considera que el mercado energético probablemente ya ha dejado atrás el momento más agudo del shock de oferta. En otras palabras, lo peor del susto en petróleo podría haber pasado, aunque eso no significa que el problema haya quedado resuelto.
El razonamiento tiene lógica. Los precios del crudo habían escalado hasta niveles capaces de hacer daño real a la economía, y ese tipo de tensión suele actuar como catalizador de movimientos de desescalada. Cuando el coste económico empieza a ser demasiado evidente, aumenta la presión para buscar una salida, aunque sea provisional.
Para Christian Gattiker, esta tregua encaja bien con el comportamiento habitual de muchas crisis geopolíticas. Primero llega una fase de escalada intensa, cargada de titulares, nerviosismo y movimientos bruscos en los mercados. Después, cuando la tensión alcanza niveles económicamente peligrosos, aparece una vía de salida parcial, una especie de rampa de escape tras la fase de aceleración.
Esa pauta respalda el escenario central de Julius Baer: un shock rápido y violento, pero sin consecuencias permanentes sobre la oferta energética global. Eso permitiría que, poco a poco, el petróleo y el resto del mercado energético se vayan desacoplando del ruido político, reduciendo así el riesgo de un shock macroeconómico sostenido impulsado por la energía.
Ahí está el matiz importante del análisis de Christian Gattiker. La tregua no debe interpretarse como un final ordenado del conflicto. Más bien parece una pausa táctica dentro de una dinámica mucho más errática. Julius Baer define el proceso como un patrón casi de “reality show”: escaladas rápidas, pausas calculadas y nuevos episodios de tensión.
Eso obliga a ser prudentes. El riesgo de volatilidad no desaparece cuando se firma una tregua temporal; simplemente se desplaza. Y cuando esta ventana de dos semanas llegue a su fin, el mercado volverá a preguntarse si hay una solución real o si solo se ha comprado algo de tiempo antes del siguiente sobresalto.
En el corto plazo, el alivio de los riesgos extremos puede favorecer movimientos tácticos de recuperación en mercado. Especialmente en aquellas áreas que han sufrido las caídas más severas durante la fase aguda del conflicto. Esa mejora del sentimiento puede traducirse en compras selectivas y rebotes intensos.
Sin embargo, Christian Gattiker deja claro que esto sigue siendo terreno de traders, no todavía territorio natural para el inversor paciente de largo plazo. El mercado continúa moviéndose más por posicionamiento, sentimiento y reacción a titulares que por una vuelta plena a los fundamentales.
En este contexto, Christian Gattiker defiende una estrategia de preparación más que de persecución del mercado. La idea no es correr detrás del primer rebote, sino fijarse en aquellas regiones y sectores donde las valoraciones han mejorado sin que se haya roto la narrativa estructural de fondo.
Ahí es donde Julius Baer pone el foco en mercados no estadounidenses y en algunos segmentos cíclicos y de calidad seleccionados. Es decir, áreas donde la corrección ha abierto valor, pero donde todavía sigue existiendo un soporte razonable desde el punto de vista de crecimiento, beneficios o posicionamiento estratégico.
La conclusión es bastante precisa. El mercado puede haber dejado atrás el peor momento del shock energético, sí. Pero eso no convierte automáticamente esta tregua en una señal de compra generalizada. Para Christian Gattiker, el alivio sirve más para ordenar cartera y preparar el siguiente movimiento que para interpretar que el conflicto ha entrado en una fase de verdadera resolución.