Puntos clave
Goldman Sachs mantiene una visión constructiva sobre el oro apoyada en un factor de fondo cada vez más relevante: la compra sostenida por parte de los bancos centrales. Según recoge Eamonn Sheridan, el banco estadounidense estima que las autoridades monetarias adquirieron unas 59 toneladas de oro en abril, con China representando aproximadamente 24 toneladas de ese total.
La cifra confirma que la demanda oficial sigue siendo uno de los grandes pilares del mercado del oro. Aunque el ritmo mensual se ha moderado frente a los máximos previos, Goldman no interpreta este movimiento como una pérdida de interés, sino como parte de una tendencia más estable y prolongada.
El banco calcula que las compras de los bancos centrales se sitúan actualmente en torno a las 50 toneladas mensuales, tanto en medias móviles de tres meses como de doce meses. Es un ritmo inferior al observado en algunos momentos de fuerte acumulación, pero todavía elevado desde una perspectiva histórica.
Goldman Sachs prevé que esa tendencia se mantenga durante 2026, con compras cercanas a las 50 toneladas al mes, antes de moderarse hasta unas 40 toneladas mensuales en 2027. Para el mercado, esto implica una base de demanda relativamente sólida, capaz de amortiguar correcciones relevantes en el precio del metal.
La tesis central es clara: los bancos centrales no solo están comprando oro, sino que están enviando señales de que quieren seguir aumentando sus reservas.
La contribución estimada de China resulta especialmente relevante. Pekín habría comprado unas 24 toneladas en abril, una cifra importante por el peso estratégico que tiene la gestión de sus reservas internacionales.
El problema para los inversores es que las cifras oficiales chinas suelen ofrecer una visibilidad limitada y, en ocasiones, pueden publicarse con retraso. Esto dificulta conocer en tiempo real el verdadero ritmo de acumulación. Por eso, cualquier aceleración o frenazo en las compras de China puede tener un impacto en el oro superior al que reflejan las estadísticas agregadas.
La visión de Goldman se ve respaldada por una encuesta del Consejo Mundial del Oro realizada entre 76 bancos centrales. Un 45% de los encuestados afirmó que espera aumentar sus propias reservas de oro durante los próximos doce meses, el porcentaje más alto registrado en la historia de la encuesta.
Además, cerca del 90% de los bancos centrales consultados espera que las reservas oficiales de oro aumenten a nivel mundial. El resto anticipa niveles estables, mientras que ningún encuestado prevé una reducción.
El oro se está consolidando como una herramienta de diversificación frente al riesgo geopolítico, la incertidumbre monetaria y la dependencia de activos denominados en dólares.
La lectura de mercado es que la demanda de los bancos centrales puede seguir actuando como un suelo estructural para el precio del oro. No elimina la posibilidad de correcciones, especialmente si suben los rendimientos reales o se fortalece el dólar, pero sí reduce el riesgo de una caída profunda y sostenida mientras las compras oficiales se mantengan.
Para Goldman Sachs, el movimiento hacia el oro no parece una reacción puntual, sino una tendencia de diversificación de reservas con recorrido. En un entorno de mayor fragmentación geopolítica y dudas sobre la estabilidad de los activos tradicionales de reserva, el metal precioso conserva un atractivo estratégico difícil de sustituir.