La crisis energética vuelve a convertirse en una amenaza directa para la economía europea. Según Federated Hermes, el fuerte aumento de los precios de la energía está frenando el crecimiento de la Eurozona y puede convertirse en un problema mayor si el conflicto entre Estados Unidos e Irán se prolonga.
La gestora advierte de que Europa sería una de las regiones más perjudicadas en un escenario de energía persistentemente cara, debido a su elevada dependencia exterior y a la sensibilidad de su industria a los costes energéticos.
Federated Hermes recuerda que, a comienzos de año, se esperaba que la Unión Europea creciera un 1,4% en 2026, con una inflación ligeramente superior al 2%. Sin embargo, en mayo la Comisión Europea revisó sus previsiones: ahora estima un crecimiento del PIB del 1,1% y una inflación del 3,1%.
El motivo principal de este deterioro es el shock energético. Un petróleo y un gas más caros reducen la renta disponible de los hogares, elevan los costes de las empresas y complican el margen de actuación del Banco Central Europeo.
Según Federated Hermes, las perspectivas a corto plazo dependen en gran medida de la evolución geopolítica. Si Estados Unidos e Irán avanzan hacia una solución y el estrecho de Ormuz vuelve a operar con normalidad, el repunte inflacionista podría ser temporal.
En ese escenario, el BCE podría mirar parcialmente más allá del impacto inicial del shock energético, especialmente si no se traslada de forma duradera a salarios y precios de servicios.
El escenario negativo sería el contrario: un conflicto enquistado, precios energéticos elevados durante más tiempo y un deterioro más amplio del crecimiento mundial. En ese caso, Europa estaría entre las regiones más vulnerables.
El problema para el Banco Central Europeo es que un shock energético combina dos fuerzas difíciles de gestionar: más inflación y menos crecimiento. Si la inflación sube por energía, recortar tipos demasiado pronto puede alimentar dudas sobre la credibilidad del banco central. Pero mantener tipos altos durante demasiado tiempo puede agravar la desaceleración.
Por eso, el BCE probablemente intentará ganar tiempo y observar si el encarecimiento energético se estabiliza o si empieza a trasladarse a otros componentes de la inflación.
Para los mercados, el impacto no será homogéneo. Los sectores más sensibles a un escenario de energía cara serían:
En cambio, sectores como energía, determinadas utilities y compañías con capacidad de trasladar precios podrían comportarse relativamente mejor si el shock se prolonga.
La conclusión es que el mercado europeo vuelve a quedar atrapado entre dos riesgos: una inflación que no baja lo suficiente y un crecimiento que pierde tracción. Mientras el conflicto en Oriente Medio siga abierto, esa combinación seguirá pesando sobre las bolsas de la región.