Los precios del petróleo han repuntado con fuerza en los últimos días mientras los mercados intentan evaluar el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre el suministro global de crudo. Según el medio original MarketWatch, el foco del mercado está puesto en un punto crítico del sistema energético mundial: el Estrecho de Ormuz.
Este paso marítimo conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico y constituye una de las rutas más importantes del comercio energético global. Aproximadamente una quinta parte del petróleo transportado por mar en el mundo pasa por este estrecho.
El principal temor del mercado es que una escalada militar limite el tránsito de petroleros por Ormuz, lo que supondría un shock de oferta global. Expertos citados por el medio original señalan que el impacto dependerá sobre todo de un factor: la duración de las interrupciones.
Si el tránsito se viera interrumpido durante un periodo breve, el sistema energético podría absorber el golpe. Sin embargo, un bloqueo prolongado tendría implicaciones mucho más serias para el mercado del petróleo y para la economía global.
Conclusión de los analistas: el mundo podría gestionar un cierre del estrecho durante una o dos semanas, pero el impacto sobre los precios se intensificaría rápidamente a partir de la tercera semana.
La tensión geopolítica ya se refleja en los precios. El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) llegó a subir más de un 6% hasta situarse en torno a 71 dólares por barril, mientras que el Brent europeo avanzó cerca de un 7% hasta aproximadamente 77,7 dólares.
Para muchos analistas, el mercado empieza a incorporar el riesgo de interrupciones en el suministro global justo cuando la economía mundial parecía estar saliendo del ciclo inflacionista de los últimos años.
El sistema energético global dispone de algunos mecanismos de amortiguación, aunque con capacidad limitada. Entre ellos destacan:
Sin embargo, estas soluciones sólo podrían compensar parcialmente un bloqueo prolongado. El oleoducto saudí, por ejemplo, tiene una capacidad adicional estimada de entre 3 y 4 millones de barriles diarios, muy lejos del volumen total que normalmente atraviesa el estrecho.
En otras palabras: el problema no sería tanto la capacidad de producir petróleo, sino la capacidad de transportarlo con seguridad en un entorno de conflicto.
El mercado del petróleo vuelve a recordar una de sus reglas básicas: los grandes movimientos no dependen solo de la oferta global, sino de los cuellos de botella logísticos. Ormuz es el mayor de todos. Si el tránsito se normaliza, la prima geopolítica podría desaparecer relativamente rápido. Pero si el conflicto se prolonga, el petróleo puede convertirse de nuevo en el principal catalizador inflacionista de los mercados.
Para los inversores, la variable clave a vigilar en las próximas semanas no será tanto la producción de crudo como la seguridad del transporte marítimo y el coste del seguro para los petroleros.