El oro pierde terreno y se aproxima de nuevo a la zona de los 4.000 dólares por onza, en una sesión en la que el metal precioso no está recibiendo el apoyo habitual de los flujos refugio. La razón principal es que el aumento de la tensión geopolítica está teniendo una lectura menos favorable para el oro: más inflación potencial, más presión sobre los tipos y un dólar estadounidense más fuerte.
Los futuros del oro con vencimiento más cercano negociados en Nymex caen un 2,1%, hasta los 4.069 dólares por onza. La plata también sufre una corrección más intensa, con un descenso del 3,7%, hasta los 59,03 dólares por onza.
El comportamiento del oro resulta llamativo porque, en condiciones normales, un aumento de la tensión geopolítica suele favorecer a los activos refugio. Sin embargo, esta vez el mercado parece estar prestando más atención al efecto inflacionario de la crisis, especialmente por el posible repunte del precio del petróleo tras la escalada entre Estados Unidos e Irán.
Si el crudo vuelve a tensionarse, los inversores temen que las presiones inflacionistas se reactiven. Ese escenario elevaría la probabilidad de que la Reserva Federal mantenga una postura restrictiva durante más tiempo o incluso se vea forzada a adoptar un tono más duro. Para el oro, esa combinación es negativa.
El índice del dólar avanza un 0,2%, hasta los 101,20 puntos, mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense también repuntan. Ese doble movimiento pesa directamente sobre el oro, que cotiza en dólares y no ofrece cupón ni rentabilidad corriente.
El oro suele verse perjudicado cuando suben los rendimientos reales o cuando el dólar se fortalece. Al no generar intereses, dividendos ni flujos de caja, su atractivo relativo disminuye cuando los bonos estadounidenses ofrecen una rentabilidad más competitiva.
Además, un dólar más fuerte encarece el oro para los compradores que operan con otras divisas, lo que puede reducir la demanda internacional. Por eso, aunque el entorno geopolítico sea favorable en teoría para el metal precioso, el movimiento de tipos y divisa está dominando la sesión.
La plata amplifica esa presión. Además de su componente monetario, tiene una dimensión industrial relevante, por lo que suele reaccionar con más volatilidad cuando el mercado combina aversión al riesgo, fortaleza del dólar y dudas sobre el ciclo económico.
El retroceso del oro hacia los 4.000 dólares convierte esa zona en una referencia psicológica y técnica relevante. Mientras el dólar y los rendimientos sigan al alza, el metal podría tener dificultades para recuperar tracción, salvo que el mercado empiece a descontar una crisis geopolítica de mayor alcance o una respuesta más moderada por parte de la Fed.
La lectura de fondo es que el oro sigue atrapado entre dos fuerzas opuestas. Por un lado, la incertidumbre geopolítica debería ofrecer soporte. Por otro, el repunte del petróleo, el miedo a una inflación más persistente, la subida de los rendimientos y la fortaleza del dólar limitan su atractivo a corto plazo.
En este contexto, los inversores vigilarán especialmente la evolución del crudo, el tono de la Reserva Federal y el comportamiento del dólar. Si el mercado concluye que la crisis energética obliga a mantener tipos más altos durante más tiempo, el oro podría seguir bajo presión pese a su condición de activo refugio.