El mercado del petróleo empieza a contemplar escenarios claramente más tensos si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga. Según los analistas citados en el medio original, una restricción del paso durante cuatro o cinco semanas podría empujar el precio del barril hacia una franja de entre 100 y 120 dólares, mientras que un cierre más prolongado abriría la puerta a niveles todavía más extremos.
La razón es sencilla: el estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los puntos más delicados del sistema energético mundial. Por esa ruta pasa cerca de una quinta parte del crudo global, además de una parte muy relevante del gas natural licuado y de otros flujos estratégicos. Si ese cuello de botella permanece prácticamente cerrado, el mercado se queda sin una alternativa rápida y fiable para sustituir el suministro perdido.
Los expertos consultados consideran que el mercado todavía no está ante un escenario de colapso total, pero sí ante una situación lo bastante seria como para mantener una fuerte prima de riesgo en el crudo. Si el acceso a Ormuz continúa restringido durante varias semanas, el petróleo podría moverse rápidamente hacia la zona de 100-120 dólares.
La clave no está solo en el volumen afectado, sino en la velocidad de reacción del sistema. Aunque Arabia Saudí estudia desviar parte de sus exportaciones por otras rutas, la capacidad disponible no es suficiente para reemplazar de inmediato el flujo habitual del estrecho. Además, redirigir el transporte marítimo requiere tiempo, coordinación y una infraestructura que no siempre opera al máximo.
El escenario más agresivo aparece si el conflicto se extiende durante meses. En ese caso, algunas gestoras contemplan que el petróleo pueda superar anteriores máximos históricos y moverse en una banda de entre 150 y 200 dólares por barril.
Ese ya no sería un simple repunte geopolítico, sino un verdadero shock energético global. A esos niveles, la presión sobre inflación, crecimiento económico, márgenes empresariales y política monetaria sería muy difícil de ignorar para los bancos centrales y para los mercados financieros.
En las últimas horas se han intentado lanzar mensajes de contención. La OPEP ha incrementado producción en unos 200.000 barriles diarios, pero varios analistas consideran que esa cifra es demasiado reducida frente a la magnitud potencial de la interrupción.
Además, parte del suministro iraní también está en riesgo. Irán produce alrededor de 3,4 millones de barriles diarios y exporta aproximadamente la mitad, sobre todo a China. Si esos flujos se ven comprometidos, tanto China como India podrían verse obligadas a buscar sustitución en el crudo ruso, añadiendo todavía más tensión al mercado.
Más que el movimiento inicial del petróleo, lo que preocupa a los analistas es cuánto tiempo puedan mantenerse elevados los precios energéticos. Si el crudo y el gas continúan presionados durante semanas o meses, aumentará el riesgo de una segunda ola inflacionaria, especialmente en Europa.
A corto plazo, algunos expertos siguen creyendo que el escenario macroeconómico puede estabilizarse si la tensión geopolítica remite con rapidez. Pero mientras eso no ocurra, el petróleo seguirá actuando como la principal variable de riesgo para la economía global.
El mensaje de fondo es claro: el mercado ya no está valorando solo una guerra, sino la posibilidad de una interrupción prolongada en uno de los principales corredores energéticos del mundo. Y eso cambia completamente la escala del problema.
Nuestra lectura es directa: si Ormuz sigue tensionado varias semanas, el petróleo puede seguir subiendo con facilidad hacia la zona de los 100-120 dólares. Si además el conflicto se enquista durante meses, dejaríamos de hablar de volatilidad táctica para entrar en un escenario de auténtico shock energético, con consecuencias mucho más serias para inflación, tipos, bonos y bolsas.