El mercado del petróleo vuelve a entrar en una zona especialmente peligrosa. No solo por la guerra entre Estados Unidos e Irán, ni por las dudas sobre oferta y demanda, sino por algo más técnico y, a la vez, más explosivo: la creciente distancia entre el precio del petróleo físico y el del petróleo en papel, es decir, el que cotiza a través de futuros.
Según explica Justin Low, el contrato de WTI para mayo se acerca ya a su fecha límite en un contexto muy incómodo. A medida que se aproxima el vencimiento, quienes sigan atrapados en posiciones cortas sin capacidad real de entregar barriles físicos podrían verse obligados a recomprar a cualquier precio para salir del mercado. Y ahí es donde empieza el verdadero riesgo.
La señal más clara está en el open interest. Aunque el volumen en el contrato de mayo sigue siendo alto, porque muchos operadores continúan negociando titulares sobre Irán, el interés abierto cae con fuerza. Al mismo tiempo, los contratos de junio y julio ganan peso. Traducido: los grandes participantes financieros ya no quieren quedarse cerca del vencimiento de mayo.
Eso deja el contrato de mayo cada vez más en manos de actores físicos, como refinadoras o productores. El problema es que, a medida que cae el open interest, también cae la liquidez. Y un mercado más delgado es mucho más vulnerable a picos bruscos de volatilidad, sobre todo si sigue abierta la brecha entre el crudo físico y el financiero.
La consecuencia es clara: en los próximos días podría producirse un movimiento muy violento en pantalla. Low advierte de que el WTI de mayo podría dispararse incluso hacia la zona de 110 a 130 dólares justo antes del vencimiento y, acto seguido, volver al entorno de los 90 dólares cuando el mercado haga el rollover al contrato de junio.
Eso no implicaría necesariamente que el petróleo “se desploma” tras subir con fuerza. Lo que ocurriría sería más bien un reseteo técnico del mercado de futuros, al pasar de un contrato tensionado y poco líquido a otro más limpio y negociable.