El oro afronta una sesión especialmente delicada después de sufrir una caída superior al 3% durante la jornada anterior. El renovado deterioro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y el fuerte repunte del petróleo han reactivado los temores inflacionistas y endurecido las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal.
Según explica Giuseppe Dellamotta, la presión sobre el metal precioso no responde únicamente a la evolución geopolítica. El mercado está descontando una mayor probabilidad de nuevas subidas de tipos, un escenario que suele perjudicar al oro al elevar la rentabilidad de los bonos y el coste de oportunidad de mantener activos sin rendimiento.
La atención se concentrará en la publicación del IPC de Estados Unidos, especialmente en la variación mensual de la inflación subyacente. El consenso espera un avance del 0,2%.
Christopher Waller, miembro de la Reserva Federal, ha señalado que una nueva sorpresa al alza en este indicador sería suficiente para que apoyase una subida de tipos en la reunión de julio. De producirse un dato superior a las previsiones, la probabilidad de un endurecimiento monetario inmediato podría superar el 50%.
Dellamotta considera que, si el dato supera las estimaciones, la Fed se vería presionada para actuar y evitar una sorpresa considerada demasiado acomodaticia por el mercado. Este escenario sería claramente negativo para el oro.
Por el contrario, una lectura en línea o inferior a lo esperado reduciría las probabilidades de una subida inmediata y podría dar lugar a un rebote de alivio a corto plazo.
Desde el punto de vista técnico, el oro cotiza cerca de sus mínimos mensuales después de que la crisis entre Estados Unidos e Irán reforzara las expectativas de tipos más altos.
En gráfico diario, Giuseppe Dellamotta identifica los 3.885 dólares como el siguiente objetivo natural del movimiento bajista. Si el precio alcanza esa zona, podrían aparecer compradores con órdenes de protección situadas por debajo del nivel, buscando un rebote hacia la directriz descendente principal.
Los vendedores, en cambio, tratarán de aprovechar una ruptura clara de los 3.885 dólares para incrementar sus posiciones bajistas y buscar posteriormente la gran directriz alcista de largo plazo.
En el gráfico de cuatro horas, una directriz descendente de corto plazo continúa definiendo el movimiento actual. Los vendedores podrían seguir utilizando esa línea como referencia para abrir posiciones, con niveles de protección situados por encima.
Los compradores necesitarían una ruptura sostenida de esa directriz para ampliar el rebote y dirigir el precio hacia la tendencia bajista principal.
En el gráfico de una hora, la primera resistencia relevante aparece alrededor de los 4.050 dólares. Si el oro alcanza esa zona sin una mejora de los factores fundamentales, podrían reaparecer las ventas. Una superación clara, en cambio, abriría la puerta a una recuperación más amplia.
Aunque los niveles técnicos ofrecen referencias claras, Dellamotta advierte de que la reacción al IPC será el verdadero motor de la cotización durante la sesión.
Un dato subyacente moderado podría generar un rebote de alivio, al reducirse las expectativas de una subida de tipos en julio. En sentido contrario, una lectura superior al consenso favorecería nuevas ventas, con la zona de 3.885 dólares como primer objetivo.
La agenda continuará cargada durante el resto de la semana. Tras el IPC y la comparecencia del presidente de la Fed, Kevin Warsh, el mercado conocerá el miércoles el índice de precios de producción. El jueves se publicarán las ventas minoristas y las solicitudes semanales de desempleo, mientras que el viernes llegará la encuesta de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan.