El oro sigue comportándose como el activo que “no necesita permiso” para marcar máximos. Según explica la periodista Bárbara Kollmeyer en el medio original, el metal precioso ha continuado acercándose a la zona psicológica de los 5.000 dólares por onza, y el mensaje de fondo es claro: cuando la incertidumbre se instala, el oro tiende a encontrar gasolina extra.
En la sesión del viernes, el oro avanzó hacia un nuevo récord en torno a 4.926 $ la onza y llegó a tocar brevemente los 4.970 $ en horario asiático. El jueves ya había cerrado en máximo histórico en 4.908,80 $, y una jornada positiva supondría encadenar cuatro sesiones seguidas al alza.
Lo interesante no es solo el número, sino la dinámica: tras una subida intensa, el oro no “se cae por su propio peso”, sino que sigue atrayendo compras cuando el mercado no termina de tener claro cómo valorar los riesgos en otros activos.
Christopher Louney, responsable global de estrategia de materias primas de RBC, resume el momento con una idea potente: la incertidumbre actúa como un disparador que aparece una y otra vez, y por eso “no hay un techo evidente” para los máximos cuando el mercado entra en modo cobertura. En su nota a clientes, Louney reconoce que el ritmo del repunte podría moderarse, pero insiste en que el aprendizaje reciente es que los picos pueden seguir aumentando.
Los números acompañan esa lectura: el oro suma alrededor de un 7% en la semana y cerca de un 13% en lo que va de año, en contraste con un arranque de 2026 más irregular en bolsa (el S&P 500 apenas ronda el +1% en el año).
El trasfondo, según recoge el medio original, es un inicio de año con demasiados frentes abiertos: desde una incursión estadounidense en Venezuela, hasta tensiones entre Estados Unidos e Irán y el choque con Europa por Groenlandia que llegó a incluir amenazas arancelarias. Aunque parte del ruido se rebajó después, Louney recuerda que la incertidumbre “cambia de forma” constantemente.
RBC añade otro matiz: incluso un amago de operación “sell America” (salidas parciales de otros activos ligados a EE. UU.) suele ser, por simple correlación y posicionamiento, un viento de cola para el oro.
En el escenario central, RBC ve al oro moviéndose este año entre 4.500 y 5.000 $ por onza, con la posibilidad de cerrar el ejercicio incluso por encima si se impone un entorno real de aversión al riesgo. En diciembre, el banco ya manejaba una previsión media de 4.600 $ y un nivel de 5.100 $ para 2027.
El giro de expectativas no es exclusivo de RBC. Como apunta el artículo original, Goldman Sachs también elevó su previsión de cierre de año para el oro hasta 5.400 $ desde 4.900 $, apoyándose en la persistencia de compras (incluido un componente privado) y en una ola de demanda de bancos centrales que viene sosteniendo la tendencia desde niveles muy inferiores.
No es solo oro. La plata también mantiene un tono muy fuerte: tras el máximo del jueves en 95,87 $ por onza troy, los futuros llegaron a subir alrededor de un 2,3% hasta la zona de 98,63 $. En metales industriales, el platino avanzó más de un 4% y el paladio cerca de un 2,8%, en un movimiento que refuerza la idea de que el mercado está revalorizando el “paquete” de metales en un entorno de incertidumbre.