El oro ha vuelto a dar señales de vida después del susto nocturno, pero sigue lejos de moverse en un entorno cómodo. El metal precioso recupera terreno tras la decisión de Donald Trump de extender de forma indefinida el alto el fuego con Irán, una noticia que ha relajado algo el precio del petróleo y ha reducido temporalmente la presión inflacionista que el mercado venía descontando. Reuters recoge que el oro al contado subía este miércoles un 1% hasta los 4.759,63 dólares la onza, mientras los futuros estadounidenses avanzaban un 1,3% hasta 4.778,30 dólares.
La reacción tiene bastante lógica. Si el petróleo afloja, el mercado respira un poco y eso da margen a los activos refugio para estabilizarse sin la presión de un dólar demasiado fuerte o de un nuevo repunte inmediato de las expectativas de inflación. Pero conviene no confundirse: esto no es una normalización, es solo un alivio parcial. El conflicto sigue abierto, las conversaciones siguen sin calendario claro y el estrecho de Ormuz continúa prácticamente interrumpido.
La mejora del metal se explica, sobre todo, por la relajación del crudo. Reuters señala que el Brent cayó hasta 98,16 dólares por barril y el WTI hasta 89,14 dólares tras el anuncio de Trump, después de haber subido alrededor de un 3% el día anterior. Esa corrección da algo de oxígeno a los mercados y reduce, al menos de momento, el miedo a una espiral inmediata de inflación y tipos altos durante más tiempo.
En ese contexto, el oro vuelve a encontrar compradores. Pero la propia Reuters subraya que la recuperación sigue siendo frágil y que una reanudación de las hostilidades podría volver a impulsar al dólar y al petróleo, lo que pondría otra vez presión sobre el metal. Es decir, el rebote existe, pero no tiene todavía una base lo bastante limpia como para hablar de una tendencia estable.
El mercado sigue muy pendiente de cuándo volverán a sentarse Estados Unidos e Irán a negociar. Y hoy la respuesta sigue siendo la misma: no se sabe. Reuters indicó que, aunque Trump amplió la tregua, no había señales de reanudación inmediata de conversaciones ni confirmación de que Irán o Israel acepten plenamente el nuevo marco.
Esa ausencia de visibilidad es clave para entender el comportamiento del oro. Cuando no hay una hoja de ruta clara y los titulares pueden cambiar el tono del mercado en cuestión de minutos, el metal precioso deja de cotizar una narrativa macro ordenada y pasa a cotizar pura incertidumbre geopolítica. Y ese tipo de precio suele ser mucho más nervioso y contradictorio.
Hay un hecho que sigue condicionándolo todo: el estrecho de Ormuz permanece en gran medida cerrado o fuertemente perturbado. Reuters señala que la actividad marítima sigue siendo mínima y que la interrupción del paso continúa siendo el principal foco de riesgo para el petróleo y para el sentimiento global.
Eso significa que el mercado puede tener momentos de alivio, como el de hoy, pero seguirá sin fiarse del todo. Mientras Ormuz no vuelva a operar con normalidad y no haya una mesa de negociación seria en marcha, cualquier mejora en oro, bolsa o crudo tendrá un componente táctico más que estructural. El dinero puede aprovechar el rebote, sí, pero no puede dar por cerrada la crisis.
En el muy corto plazo, el destino del oro seguirá ligado a tres variables. Primero, a si el petróleo sigue relajándose o vuelve a tensarse. Segundo, a si aparece una fecha concreta para nuevas conversaciones entre Washington y Teherán. Y tercero, a si el mercado empieza a interpretar la tregua como un simple aplazamiento o como el inicio de una desescalada de verdad. Reuters resume bien ese equilibrio: el mercado ha mejorado algo, pero nadie tiene claro todavía qué viene después.
Por tanto, el rebote del oro es real, pero sigue siendo un rebote condicionado. Puede extenderse si la tregua gana credibilidad y el crudo sigue corrigiendo. Pero también puede girarse con rapidez si vuelve a imponerse el ruido militar o si la diplomacia vuelve a atascarse. Hoy el oro respira, pero todavía no puede decirse que esté libre.