El oro continúa bajo presión y marca nuevos mínimos, penalizado por el aumento de las expectativas de una Reserva Federal más dura. Según Giuseppe Dellamotta, los inversores están cubriéndose ante la posibilidad de que el dato de IPC estadounidense sorprenda al alza y refuerce el escenario de nuevas subidas de tipos.
El fuerte dato de empleo publicado el viernes ya provocó una revisión agresiva de las expectativas monetarias. El debate del mercado ya no gira en torno a si la Fed recortará tipos, sino a cuándo y cuántas subidas podría aplicar antes de final de año. Ese cambio de narrativa es claramente negativo para el oro, un activo que no ofrece rentabilidad por cupón y suele sufrir cuando suben los tipos reales.
Hasta hace pocos días, el conflicto entre Estados Unidos e Irán actuaba como soporte para el oro por su condición de activo refugio. Sin embargo, las escaladas recientes han sido relativamente limitadas y el mercado parece asumir que, de momento, ninguna de las partes busca una guerra abierta.
La persistencia del bloqueo negociador y el cierre del estrecho de Ormuz mantienen la prima geopolítica, pero ya no bastan para compensar el impacto de unas expectativas de tipos más altas. En este entorno, salvo que se produzca un avance inesperado en las negociaciones o una escalada militar mucho mayor, el camino de menor resistencia para el oro sigue apuntando a la baja.
El mercado espera ahora que la Fed abandone su sesgo de relajación en la próxima reunión. Aunque una subida de tipos ya está prácticamente descontada, el verdadero riesgo está en el diagrama de puntos y en la orientación futura del banco central.
Si la Fed valida las expectativas actuales del mercado, estaría confirmando de facto que el sesgo ha cambiado hacia el endurecimiento monetario. Ese mensaje podría provocar una nueva oleada de ventas en el oro, especialmente si viene acompañado de un IPC superior a lo esperado.
Por el contrario, si la inflación sale por debajo de las previsiones o incluso en línea, podría aliviar parte del temor a una Fed más agresiva y generar un rebote técnico de corto plazo en los metales preciosos.
Desde el punto de vista técnico, el oro está rompiendo a la baja una directriz alcista relevante en gráfico diario. Esta señal deteriora el escenario de corto plazo y deja al mercado pendiente de la reacción al dato de IPC.
Los compradores necesitan recuperar rápidamente esa directriz para volver a plantear un movimiento hacia la zona de los 4.600 dólares. Si no lo consiguen, los vendedores seguirán teniendo el control y podrían intentar extender la caída hacia la zona de los 3.885 dólares.
En gráfico de cuatro horas, una directriz bajista menor sigue definiendo el impulso negativo. Cualquier rebote hacia esa zona puede ser utilizado por los vendedores para volver a tomar posiciones cortas, siempre que el precio no logre superarla con claridad.
En gráfico horario, el precio está rechazando precisamente la antigua directriz alcista perdida, lo que refuerza el sesgo bajista antes de la publicación del IPC. Aun así, un dato de inflación suave podría provocar un rebote de alivio de corto plazo.
La referencia principal será el IPC de Estados Unidos. Después llegarán las peticiones semanales de subsidio por desempleo y el índice de precios de producción, mientras que el viernes la semana se cerrará con la encuesta de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan.
En definitiva, el oro se encuentra en un punto técnico y macroeconómico delicado. La pérdida de soporte coincide con un mercado que empieza a descontar una Fed más agresiva. Si el dato de inflación confirma ese temor, el metal podría seguir corrigiendo. Si lo desmiente, el rebote puede ser intenso, pero inicialmente tendría más aspecto de alivio que de cambio estructural de tendencia.