El oro acaba de completar su peor trimestre desde 2013, con una caída superior al 13% entre abril y junio. El retroceso ha reabierto el debate sobre su utilidad como activo refugio y cobertura dentro de una cartera diversificada.
La corrección resulta especialmente llamativa porque se produjo en un contexto de elevada tensión geopolítica. Los futuros del metal precioso llegaron a perder alrededor de un 21% desde el comienzo de la guerra con Irán, después de haber alcanzado máximos históricos durante los primeros meses del año.
Sin embargo, los expertos consultados por CNBC advierten de que un trimestre negativo no invalida necesariamente el papel del oro dentro de una estrategia de inversión de largo plazo.
Uno de los errores más habituales consiste en esperar que el oro suba automáticamente cada vez que las acciones caen.
Roger Aliaga-Díaz, responsable global de construcción de carteras de Vanguard, señala que su función como cobertura existe, pero es menos constante de lo que muchos inversores creen. No hay una relación mecánica por la que una caída del mercado bursátil tenga que traducirse inmediatamente en una subida del metal.
El oro puede coincidir temporalmente con descensos de las acciones, especialmente cuando factores como los tipos reales, la fortaleza del dólar, las necesidades de liquidez o la toma de beneficios pesan más que la demanda de refugio.
Por tanto, su utilidad debe evaluarse en periodos amplios y no a partir del comportamiento de una única sesión o trimestre.
El historial de largo plazo sigue ofreciendo argumentos favorables al metal precioso en periodos de elevada incertidumbre.
Un análisis de JPMorgan Private Bank citado por CNBC muestra que, en torno a los principales episodios geopolíticos registrados entre 1985 y 2024, el oro obtuvo una rentabilidad media a cuatro semanas del 1,8% y una rentabilidad mediana del 3%.
Durante esos mismos episodios, las acciones y los bonos del Tesoro estadounidense a diez años registraron, en promedio, descensos del 1,6%, con pérdidas medianas cercanas al 1,9%.
Estos datos no garantizan que el oro vaya a subir en todas las crisis, pero sí sugieren que puede aportar protección cuando la incertidumbre se prolonga y la confianza de los inversores se deteriora.
Otro de los principales argumentos a favor del oro es su capacidad para actuar como protección frente a un debilitamiento estructural del dólar.
Según Aliaga-Díaz, el metal suele ganar atractivo cuando los inversores cuestionan la estabilidad de la divisa estadounidense o la credibilidad de la Reserva Federal.
En ese tipo de escenarios, el oro puede recibir flujos por su carácter de activo real, sin riesgo de crédito directo y con una oferta relativamente limitada.
Sam Huszczo, fundador de SGH Wealth Management, considera que el metal no debe entenderse como una cobertura directa frente al mercado bursátil, sino como una protección frente al miedo, la pérdida de confianza y los episodios de incertidumbre extrema.
Los inversores tienden a considerar el oro como un activo estable, pero sus oscilaciones pueden llegar a ser similares a las de la renta variable.
La caída del segundo trimestre constituye un buen ejemplo. El metal puede sufrir fuertes correcciones incluso cuando persisten los riesgos geopolíticos, especialmente después de periodos de subidas muy rápidas.
Por este motivo, los asesores recomiendan mantener una posición controlada. La mayoría sitúa el límite razonable alrededor del 5% de la cartera, mientras que otros profesionales prefieren exposiciones todavía más moderadas.
Rafia Hasan, directora de inversiones de Perigon Wealth Management, considera apropiada una asignación de entre el 1% y el 2%, dentro de una estrategia más amplia de diversificación mediante materias primas.
La mala evolución reciente no implica necesariamente que los inversores deban vender toda su posición en oro.
La decisión debería depender de la función que el metal desempeña dentro de la cartera, del horizonte temporal y de la tolerancia personal a la volatilidad.
Quien mantenga oro con el objetivo de obtener ganancias rápidas puede verse decepcionado por movimientos como el registrado en el segundo trimestre. En cambio, para un inversor que busca diversificación, protección frente a crisis monetarias y una cobertura parcial ante escenarios extremos, una pequeña posición todavía puede tener sentido.
La principal conclusión es que el oro no debe juzgarse como una cobertura perfecta frente a cada caída bursátil. Su valor reside en aportar una fuente adicional de diversificación cuyo comportamiento puede resultar útil en determinados episodios de estrés, aunque de forma irregular y con una volatilidad que no debe subestimarse.