Con los mercados aún digiriendo los últimos movimientos de la Reserva Federal, los analistas del sector de metales preciosos coinciden en algo: el oro mantiene una posición sólida de largo plazo, pese a las correcciones recientes. La expectativa de un nuevo recorte de tipos antes de fin de año por parte del banco central podría ser el catalizador que refuerce su atractivo.
Ryan McIntyre, socio director senior de Sprott Inc., lo resume con claridad: el oro sigue “bien posicionado para el crecimiento a largo plazo”. En su opinión, el deterioro de la confianza global está impulsando la demanda de activos independientes de instituciones financieras y monedas soberanas, una tendencia que favorece directamente a los metales preciosos.
El contexto fiscal también juega un papel decisivo. McIntyre advierte que los déficits elevados y el endeudamiento estructural de las economías occidentales, especialmente de Estados Unidos, podrían respaldar los precios del oro “a medio y largo plazo, a medida que aumente el riesgo soberano”.
Tras marcar un récord histórico de 4.359,40 dólares por onza el 20 de octubre, el metal ha retrocedido cerca de un 9%, hasta los 3.983 dólares, pero sigue acumulando una ganancia anual del 51% en 2025. Según Aakash Doshi, jefe global de estrategia de metales en State Street Investment Management, esta corrección es “temporal”, con un suelo técnico entre 3.600 y 3.650 dólares que podría activar nuevas compras.
La Reserva Federal se prepara para anunciar un nuevo recorte de 25 puntos básicos, pese a que la inflación continúa por encima del objetivo. Tal decisión refuerza, según Stefan Gleason, CEO de Money Metals Exchange, la “narrativa pro-oro”, ya que los tipos bajos favorecen a un activo que no genera intereses, pero conserva su poder adquisitivo frente a la erosión monetaria.
Gleason apunta además a un desequilibrio estructural: “El mundo sigue sobreexpuesto al dólar y subexpuesto al oro”. En ese sentido, prevé que el metal amarillo siga apreciándose frente a todas las divisas fiduciarias, una vez que se consolide la reciente corrección.
Por su parte, Doshi considera que un oro en 5.000 dólares es más probable que verlo caer a 3.000, asegurando que el mercado “ha reajustado su rango base a niveles más altos”. Los factores estructurales —deuda global, compras de bancos centrales, incertidumbre política y la alta correlación entre acciones y bonos estadounidenses— continúan respaldando al oro como activo diversificador y cobertura ante riesgos extremos.
Tanto McIntyre como Doshi coinciden en que el oro sigue infraponderado en la mayoría de carteras occidentales. Desde Sprott recomiendan asignar alrededor del 10% del portafolio a oro físico como posición estratégica, ajustando esa proporción de forma periódica. Otros estrategas amplían el rango ideal de exposición a entre 5% y 20%, incluyendo tanto lingotes como ETF respaldados por oro.
El mensaje de fondo es claro: en un entorno de deuda crónica, política monetaria expansiva y creciente desconfianza institucional, el oro no solo actúa como refugio, sino como activo estructural. O como resume Doshi, “en este punto del ciclo, los 5.000 dólares parecen mucho más probables que los 3.000”.