El nuevo orden mundial favorece activos reales, acciones y oro

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Capitalbolsa | 05 jun, 2026 09:40
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Puntos clave
  • Julius Baer defiende que la competencia geopolítica puede impulsar la innovación y el crecimiento.
  • La firma mantiene una clara preferencia por activos reales frente a nominales.
  • Dentro de la renta fija, sigue viendo atractivo en los bonos globales de alto rendimiento de mayor calidad.

La economía global está entrando en una etapa distinta. Según plantea Yves Bonzon, director de inversiones de Julius Baer, el mundo ha pasado de una fase dominada por la cooperación global a otra marcada por la competencia geopolítica. Aunque este cambio aumenta la incertidumbre a corto plazo, también puede actuar como un potente motor de innovación, inversión y crecimiento.

La tesis de Julius Baer parte de una idea sencilla: cuando las grandes potencias compiten entre sí, tienden a acelerar el desarrollo tecnológico, industrial y militar. Ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial, en plena rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y podría repetirse ahora con la inteligencia artificial, la autonomía estratégica, la energía, la defensa y las cadenas de suministro críticas.

Un nuevo régimen de crecimiento nominal

Bonzon sostiene que Estados Unidos ha entrado en un régimen de mayor crecimiento nominal. Durante la década posterior a la crisis financiera, el crecimiento del PIB nominal estadounidense se mantuvo por debajo del 4% y la inflación permaneció contenida. Ahora, Julius Baer considera que el crecimiento real del 2% y una inflación cercana al 2% podrían dejar de ser techos y convertirse en suelos.

Este cambio tiene implicaciones importantes para los inversores. En un entorno de más crecimiento nominal y más inflación estructural, mantenerse invertido cobra más relevancia. La firma suiza defiende una preferencia clara por los activos reales frente a los activos puramente nominales.

Julius Baer mantiene una sobreponderación en acciones y oro, mientras conserva una infraponderación en bonos gubernamentales del G7.

La lógica es que los activos reales suelen proteger mejor el poder adquisitivo en fases de inflación más persistente. Además, una inflación moderadamente superior ayuda a reducir el valor real de la deuda pública, algo especialmente relevante para las grandes economías desarrolladas.

La inteligencia artificial y la ley de Amara

La revolución de la inteligencia artificial ocupa un lugar central en esta visión. Bonzon recuerda la conocida ley de Amara: los inversores suelen sobrestimar el impacto de una tecnología a corto plazo y subestimarlo a largo plazo.

Esto encaja con el momento actual del mercado. La IA ha provocado fuertes subidas en algunas compañías, especialmente en semiconductores, infraestructura tecnológica y centros de datos. Pero la lectura de Julius Baer es que el impacto estructural podría ir mucho más allá de las cotizaciones de corto plazo.

China, además, sigue muy de cerca a Estados Unidos en desarrollo tecnológico y ha construido ecosistemas autosuficientes en sectores clave. Esa competencia puede reforzar la inversión en innovación a ambos lados del tablero geopolítico.

Bonos de alto rendimiento: no toda la renta fija es igual

Aunque Julius Baer mantiene una visión prudente sobre la renta fija en general, la firma distingue claramente entre los bonos gubernamentales de largo plazo y otros segmentos más atractivos. Uno de ellos es el alto rendimiento global, especialmente la parte de mayor calidad, con calificación BB.

Según Bonzon, los bonos globales de alto rendimiento han demostrado una notable estabilidad histórica en distintos horizontes de inversión. Pese al fuerte shock de tipos de 2022, este segmento ha ganado un 18,2% en los últimos cinco años, equivalente a una rentabilidad anualizada del 3,4%. En los tres años posteriores a la crisis de tipos, la rentabilidad anualizada se eleva hasta el 10%.

La mejora de la calidad del mercado de alto rendimiento es uno de los argumentos centrales de Julius Baer para mantener exposición a esta subclase de activos.

La composición del mercado también ha mejorado. Los bonos con calificación BB representan ya el 61% del universo de alto rendimiento, frente a una media histórica del 46%. Al mismo tiempo, los bonos CCC, los de menor calidad dentro del segmento, han caído al 9%, por debajo de su media de largo plazo del 15%.

Esta mejora de calidad, junto con unas tasas de impago previstas a la baja y unos rendimientos todavía elevados, refuerza el atractivo del segmento para Julius Baer.

Bancos centrales: mismo problema, respuestas distintas

El escenario monetario global también se ha vuelto más complejo. Tras la guerra con Irán y el repunte del petróleo, los bancos centrales han endurecido el tono. Hace un año, el mercado esperaba recortes acumulados de unos 200 puntos básicos por parte de las principales autoridades monetarias. Ahora, descuenta subidas de una magnitud similar.

Julius Baer subraya, sin embargo, que no todos los bancos centrales afrontan la misma situación. En la eurozona y Reino Unido, el BCE y el Banco de Inglaterra quieren evitar quedarse rezagados ante la inflación, pero el enfriamiento del crecimiento limita el margen para un endurecimiento agresivo.

En Estados Unidos, el panorama es distinto. El crecimiento sigue siendo sólido y el mercado laboral ha recuperado tono, lo que reduce los argumentos para nuevos recortes de tipos. Al mismo tiempo, el menor efecto de segunda ronda de la inflación energética, dado que EEUU es exportador de petróleo, reduce la necesidad de una subida directa de tipos.

Japón representa otro caso aparte. El país ha pasado de décadas de deflación a un proceso de reflación, con mayor presión salarial y un yen muy debilitado frente al dólar. Aun así, el Banco de Japón probablemente mantendrá un enfoque gradual, apoyándose más en intervenciones cambiarias que en subidas bruscas del coste del dinero.

La conclusión de Julius Baer

El diagnóstico de Julius Baer es que el mundo ha entrado en una fase más competitiva, menos cooperativa y con mayor crecimiento nominal. Para los inversores, esto implica no quedarse al margen, pero sí ajustar la cartera a un entorno distinto al de la década pasada.

La firma mantiene su preferencia por:

  • Acciones, como activo real vinculado al crecimiento nominal.
  • Oro, como cobertura ante inflación, deuda e incertidumbre geopolítica.
  • Bonos globales de alto rendimiento de mayor calidad, especialmente BB.

Por el contrario, Julius Baer sigue infraponderando los bonos gubernamentales del G7, especialmente los de larga duración, al considerar que ofrecen una compensación menos atractiva en el nuevo régimen macroeconómico.

El mensaje de fondo es claro: la competencia geopolítica eleva los riesgos, pero también puede acelerar la innovación. Para Bonzon, el inversor debe mirar más allá del ruido de corto plazo y posicionarse en los activos que mejor capturen esa nueva etapa de crecimiento nominal, inversión tecnológica y transformación estructural.

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