La guerra en torno a Irán sigue provocando una disrupción tras otra en el comercio internacional, y el bloqueo operativo alrededor del estrecho de Ormuz está dejando al descubierto hasta qué punto parte de la economía global continúa dependiendo del Golfo Pérsico. Carsten Menke y Norbert Rücker, de Julius Baer, subrayan que no solo están bajo presión los flujos energéticos, sino también materias primas industriales y agrícolas que son clave para múltiples cadenas de valor.
La principal conclusión del análisis es clara: aunque el mercado está mirando también a otros materiales, el petróleo y el gas natural siguen siendo los canales más importantes por los que el conflicto puede trasladarse al resto del mundo. De hecho, los expertos de Julius Baer consideran que ahí se concentra la amenaza central para la actividad económica global.
Incluso dentro del complejo energético, los problemas no afectan por igual. La cadena de suministro de productos refinados parece más vulnerable que la del crudo. Países como Corea del Sur y Japón están sufriendo por la falta de nafta, una materia prima esencial para su industria química. También han ganado peso en la preocupación del mercado el jet fuel y el gas licuado del petróleo, especialmente relevante para países emergentes como India.
Julius Baer recuerda que Oriente Medio representa aproximadamente el 10% de la producción mundial de fertilizantes nitrogenados. Aunque gran parte de esos envíos sale por Ormuz, existen rutas alternativas de menor escala. El impacto más inmediato no sería tanto un colapso de oferta como un encarecimiento de costes, ya que el alza del gas también eleva el coste de producción en otras regiones. Aun así, la firma considera que el riesgo de una crisis alimentaria global sigue siendo muy bajo por ahora.
En aluminio, la región pesa alrededor del 8% de la producción mundial. El problema aquí no es solo la exportación del metal, sino también la entrada de materias primas necesarias para mantener operativas las fundiciones. Según Menke y Rücker, dos productores regionales ya han incumplido contratos de entrega. El mayor peligro sería que las plantas se quedaran sin insumos, porque volver a arrancarlas resulta lento y costoso. Con todo, ven posible una sobrerreacción temporal en precios, pero no un repunte estructural duradero.
La lectura de Julius Baer es que la tensión sigue siendo seria, pero el sistema energético global llega mejor preparado que en otras crisis: invierno suave, inventarios razonables, nuevas terminales de exportación, retorno de capacidad nuclear y mayor aportación renovable están amortiguando parte del golpe.
El posible corte de exportaciones de gas desde Qatar fue una de las primeras alarmas del mercado, pero esa preocupación se ha moderado. Las reservas estacionales se mantienen bien cubiertas y la combinación de capacidad térmica disponible, retorno de nucleares y fortaleza renovable reduce la dependencia inmediata del gas.
Por último, el helio aparece como una materia prima de nicho, pero relevante para industrias como la fabricación de chips. Qatar es un proveedor importante para Asia, aunque el almacenamiento en planta y la reutilización del gas dentro del proceso industrial están limitando, de momento, el riesgo de interrupciones graves en la producción electrónica.

