El petróleo sigue sin encontrar una dirección clara. Steve Goldstein resume el momento con una frase que lo explica todo: arriba, abajo, arriba. El mercado se mueve a golpe de titulares mientras los operadores intentan calibrar un punto clave: si el cambio de escenario en Venezuela puede traducirse, de verdad, en más producción y, por tanto, en más oferta disponible a futuro.
La idea de que Venezuela aporte más barriles al mercado existe, pero no es un “switch” que se encienda de un día para otro. Goldstein apunta que, antes de hablar de un aumento real de producción, hay dos condiciones previas: estabilizar el entorno y que las petroleras evalúen si compensa aumentar inversión en un contexto de precios deprimidos. En otras palabras, puede ser un catalizador importante, pero con un calendario más lento de lo que descuentan los titulares.
La oferta potencial es enorme, sí. Pero convertir “reservas” en “barriles” exige seguridad, capital y tiempo.
A la volatilidad por Venezuela se suma Irán. Goldstein menciona que en Polymarket (mercado de predicciones) el contrato que apuesta por la salida del líder supremo de Irán antes de finales de marzo se negociaba en torno a 21 centavos por dólar, reflejando que el mercado asigna una probabilidad baja pero no despreciable a un evento de alto impacto. Este tipo de “riesgo cola” suele influir más en la prima de incertidumbre que en el precio spot… hasta que deja de ser teoría.
En este contexto, el crudo se mantiene extremadamente sensible a cualquier novedad. En la última lectura, el contrato continuo del crudo rondaba los 57,6 dólares, mientras que el índice de volatilidad del petróleo (OVX) se situaba cerca de 28,4, reflejando un entorno aún tenso, aunque con altibajos.