El precio del petróleo cotizó con volatilidad este viernes, en una sesión en la que los inversores ajustaron posiciones tras las últimas señales de normalización en el estrecho de Ormuz y la evolución del acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán. La reapertura progresiva de una de las rutas energéticas más sensibles del mundo ha reducido parte de la prima de riesgo que había sostenido al crudo durante los días de mayor tensión geopolítica.
Los futuros del Brent para agosto cedieron un 0,45%, hasta situarse en torno a los 79,49 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate estadounidense para julio bajó un 0,31%, hasta los 76,36 dólares.
El movimiento refleja una lectura más calmada por parte del mercado: el riesgo de interrupción inmediata del suministro parece haber disminuido, aunque los inversores siguen atentos a cualquier señal de incumplimiento del acuerdo o de nuevas tensiones en la región.
El vicepresidente estadounidense JD Vance señaló que buques cisterna con más de 12 millones de barriles cruzaron el estrecho durante la noche. También afirmó que, por segunda noche consecutiva, Irán no disparó contra ningún barco que transitaba por la zona.
Para el mercado, este dato es relevante porque el estrecho de Ormuz es un punto crítico para el suministro mundial de petróleo. Cualquier amenaza sobre esta vía suele trasladarse rápidamente a los precios del crudo, mientras que una recuperación del tráfico marítimo tiende a relajar las cotizaciones.
En paralelo, el secretario general de la OPEP, Haitham Al Ghais, defendió una visión estructuralmente positiva para el mercado petrolero. Según explicó, la organización no espera que la demanda mundial de crudo alcance su punto máximo en un futuro previsible.
Esta posición contrasta con las previsiones de la Agencia Internacional de Energía, que ha venido advirtiendo de un posible exceso de oferta en los próximos años. La divergencia entre ambas visiones vuelve a colocar sobre la mesa el gran debate de fondo: si el mercado petrolero se encamina hacia una fase de abundancia estructural o si la demanda seguirá siendo suficientemente sólida como para sostener los precios.
La caída del petróleo debe interpretarse, por ahora, como una corrección ligada a la menor tensión en Ormuz y no necesariamente como un cambio estructural de tendencia. El crudo sigue condicionado por tres fuerzas principales: la evolución del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, la política de producción de la OPEP y las perspectivas de demanda global.
Si el tránsito marítimo continúa normalizándose y no se producen nuevos incidentes, el mercado podría seguir retirando prima geopolítica de los precios. En cambio, cualquier deterioro del acuerdo o amenaza sobre el estrecho de Ormuz volvería a introducir presión alcista de forma rápida.