Renta 4 Banco
La jornada arranca con tono claramente defensivo en los mercados. Los futuros del Euro Stoxx 50 caen un 0,9%, los del DAX un 0,8%, mientras que en Estados Unidos los futuros del Nasdaq 100 retroceden un 0,4% y los del S&P 500 un 0,3%. A la vez, el Brent vuelve a tomar altura, subiendo en torno a un 2% y recuperando de nuevo la cota de los 100 dólares por barril. Es decir, el mercado vuelve a reflejar que la desescalada sigue sin estar consolidada y que el petróleo continúa siendo la variable crítica del tablero.
El motivo principal está claro. Irán ha rechazado de forma tajante el plan de 15 puntos propuesto por Estados Unidos, un plan que incluiría el desmantelamiento de su programa nuclear a cambio de permitirle mantener un arsenal reducido de misiles con fines de defensa. En su lugar, Teherán ha respondido con cinco condiciones propias para poner fin a la guerra, entre ellas el reconocimiento internacional de su autoridad sobre el estrecho de Ormuz, el pago de reparaciones de guerra y garantías de que ni Estados Unidos ni Israel retomarán sus ataques.
El problema es que, mientras se discute la posibilidad de una paz negociada, los ataques continúan. Irán sigue golpeando objetivos en Israel y en estados del Golfo Pérsico, mientras que una central nuclear iraní ha vuelto a ser atacada. El mensaje que deja esta dinámica es bastante incómodo: ambas partes pueden querer terminar el conflicto, pero ninguna está dejando de preparar el siguiente movimiento militar.
Además, según varios congresistas estadounidenses, en Washington se estaría estudiando una posible incursión terrestre limitada para controlar la costa iraní frente al estrecho de Ormuz y garantizar así la navegación por la zona. La respuesta de Irán ha sido inmediata: cualquier incursión enemiga en su territorio sería contestada con ataques contra las monarquías del Golfo, países que durante décadas han servido de plataforma a la presencia militar estadounidense en la región.
La negociación sigue abierta, sí, pero lo hace en un marco en el que la lógica militar no se ha detenido ni un segundo. Y eso limita mucho la credibilidad de cualquier tregua inminente.
La situación, por tanto, sigue siendo muy compleja. Hay incentivos para poner fin al conflicto, pero también estrategias negociadoras extremas y movimientos militares que aumentan el riesgo de error de cálculo. Esa combinación explica por qué el mercado sigue reaccionando con tanta sensibilidad a cualquier titular.
En este contexto, la atención monetaria de hoy se centra en la reunión del Banco de Noruega, donde se espera que mantenga los tipos en el 4%. La lógica parece la misma que ya han adoptado otros bancos centrales: esperar y observar cómo evoluciona la guerra en Oriente Medio y hasta qué punto el encarecimiento energético termina trasladándose a inflación y crecimiento.
Ayer, el economista jefe del BCE, Philip Lane, afirmó que en el escenario base los efectos indirectos y de segunda ronda deberían ser limitados, aunque reconoció que irán creciendo si la disrupción energética se prolonga o se intensifica. Esa cautela no ha impedido que el mercado haya revisado con fuerza sus expectativas: ahora se descuentan entre 2 y 3 subidas de 25 puntos básicos en 2026, frente a la ausencia total de movimientos prevista antes del inicio de la guerra.
De cara a la próxima reunión del BCE, el 30 de abril, la probabilidad implícita de una subida de 25 puntos básicos ronda el 60%. Es menos que a comienzos de semana, cuando llegó a superar el 100%, lo que sugiere que la expectativa de conversaciones ha moderado algo el miedo a un escenario de inflación descontrolada, aunque no lo ha eliminado.
En el caso del Banco de Inglaterra, el cambio de expectativas también ha sido claro. El mercado mantiene la previsión de entre 2 y 3 subidas de tipos en 2026, cuando antes del conflicto se descontaban dos bajadas. La diferencia es que en Reino Unido la inflación ya venía mostrando resistencia antes incluso del shock geopolítico actual.
Así quedó reflejado ayer en el IPC de febrero, con una tasa general del 3%, una subyacente del 3,2% y unos servicios creciendo al 4,3%. A eso se suma que las expectativas a corto plazo siguen al alza, con un IPC general esperado del 3,5% en marzo. Es decir, el conflicto no crea el problema de inflación británico, pero sí lo agrava.
La guerra en Oriente Medio está actuando como acelerador de un debate monetario que ya venía siendo incómodo para varios bancos centrales.
En el plano macroeconómico, las referencias de hoy son limitadas, aunque no irrelevantes. En Alemania, la encuesta de confianza del consumidor GfK de abril podría empeorar hasta -27,3, frente al -24,7 anterior. Sería una lectura coherente con otros indicadores adelantados que ya están empezando a reflejar el coste económico de la guerra, especialmente en una economía intensiva en energía como la alemana.
Ayer ya se vio algo parecido con la encuesta empresarial del IFO, donde el componente de expectativas sufrió una caída notable. El contrapeso sigue estando en el impulso fiscal previsto en defensa e infraestructuras, pero a corto plazo la incertidumbre energética vuelve a ganar peso. En Estados Unidos, la principal referencia será el dato de peticiones semanales de desempleo, con una previsión de 210.000 frente a las 205.000 anteriores.
Con todo, el mercado sigue teniendo una jerarquía muy clara: primero Oriente Medio, después el petróleo, y solo en tercer lugar la macro del día. Mientras eso no cambie, la dirección de los activos seguirá dependiendo más de los titulares geopolíticos que de cualquier dato puntual.
La apertura bajista de hoy tiene una explicación muy simple: el mercado vuelve a entender que la paz sigue lejos y que el Brent por encima de 100 dólares sigue siendo un problema serio. No basta con que haya contactos o declaraciones diplomáticas. Mientras Irán exija condiciones inasumibles y ambas partes sigan preparando operaciones militares, cualquier esperanza de desescalada seguirá siendo muy frágil.
Nosotros vigilaríamos especialmente tres focos:
La conclusión es directa: el mercado quiere una salida negociada, pero hoy por hoy sigue descontando más riesgo que solución. Y mientras el crudo siga firme por encima de los 100 dólares, el margen para el optimismo seguirá siendo muy limitado.
