El precio del petróleo vuelve a repuntar con fuerza ante el deterioro de la situación geopolítica en Oriente Próximo. El barril de Brent supera los 96 dólares, después de que los rebeldes hutíes de Yemen anunciaran ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo.
El crudo de referencia en Europa llegó a avanzar más de un 2%, hasta alcanzar los 96,47 dólares por barril, su nivel más elevado desde el pasado 8 de junio. Por su parte, el West Texas Intermediate estadounidense subió hasta los 88,67 dólares, un 2,1% por encima del cierre anterior.
Los hutíes afirmaron haber lanzado drones y misiles contra dos buques petroleros saudíes, a los que acusaron de incumplir el bloqueo impuesto por las milicias contra Arabia Saudí.
La Autoridad General de Transporte confirmó que el petrolero ENCELIA, propiedad de una empresa saudí, fue atacado mientras navegaba por el mar Rojo. El impacto provocó un incendio en la proa del buque.
En las últimas sesiones, el mercado petrolero ha girado claramente al alza ante el riesgo de que el conflicto afecte simultáneamente a dos de las principales rutas energéticas mundiales.
Por un lado, continúa la amenaza sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte relevante del suministro mundial de crudo. Por otro, los ataques en el mar Rojo elevan el riesgo sobre el paso de Bab el-Mandeb, que conecta el océano Índico con el canal de Suez y el Mediterráneo.
Una interrupción prolongada de estas rutas obligaría a numerosos petroleros a desviarse por el cabo de Buena Esperanza, aumentando los costes de transporte, los tiempos de entrega y las primas de riesgo sobre el petróleo.
La tensión también se mantiene elevada en el golfo Pérsico. El Ejército de Estados Unidos ha llevado a cabo su duodécima noche consecutiva de ataques contra Irán, con el objetivo declarado de reducir la capacidad de Teherán para amenazar el tráfico comercial en Ormuz.
El encarecimiento del crudo vuelve a introducir presión inflacionista sobre la economía mundial y puede dificultar las decisiones de los bancos centrales. También favorece a las petroleras, mientras penaliza especialmente a las aerolíneas, las compañías turísticas y otros sectores con un consumo intensivo de combustible.