Las bolsas europeas apuntan a una apertura a la baja, con los futuros del Eurostoxx cediendo en torno al 0,5%, mientras que los futuros del S&P 500 y del Nasdaq retroceden un 0,6% y un 0,9%, respectivamente. El tono negativo también se ha extendido a Asia, donde índices como el Nikkei y el Kospi han cerrado con descensos cercanos al 0,6%. El mercado sigue muy pendiente de la evolución en Oriente Medio y de la verdadera solidez del acuerdo provisional de paz entre Estados Unidos e Irán.
El Brent se ha estabilizado en torno a los 80 dólares por barril después de cuatro sesiones en las que llegó a acumular una caída cercana al 16%, tocando mínimos desde el inicio de la guerra en la zona de los 76,5 dólares. La clave sigue estando en la normalización de los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz.
Ya empieza a observarse cierto movimiento físico de buques tras la firma del acuerdo provisional entre Washington y Teherán, pero el mercado mantiene una actitud prudente. Persisten riesgos relevantes de seguridad, incluido el proceso de desminado pendiente, y la recuperación de la capacidad refinera regional podría tardar meses.
Además, la reposición de inventarios en Estados Unidos, Japón y Europa puede generar una demanda sostenida en los próximos meses. En el caso estadounidense, las reservas se encuentran en niveles muy bajos, lo que puede actuar como un suelo adicional para el precio del crudo.
La fragilidad del acuerdo se ha visto reforzada por las declaraciones del ministro de Seguridad Nacional israelí, que ha afirmado que el pacto “no nos vincula”. A ello se suman los ataques lanzados esta noche por Israel contra Líbano, después de denunciar supuestas violaciones reiteradas del alto el fuego por parte de Hezbolá.
Este escenario complica los próximos 60 días de negociaciones. Aunque las partes parecen tener incentivos para evitar una nueva escalada inmediata, el proceso estará expuesto a episodios de volatilidad, especialmente si se producen incidentes en Ormuz, Líbano o alrededor del programa nuclear iraní.
En el plano macroeconómico, los datos de inflación de junio en Japón han salido en línea con lo esperado. El IPC general avanzó un 1,5%, frente al 1,4% anterior, mientras que la inflación subyacente repuntó hasta el 1,8%, desde el 1,6% previo.
Estas cifras avalan las expectativas del mercado de una subida adicional de 25 puntos básicos por parte del Banco de Japón hacia finales de año. El movimiento seguiría siendo gradual, pero confirma que la autoridad monetaria japonesa mantiene margen para seguir normalizando su política.
En Reino Unido, el Banco de Inglaterra mantuvo los tipos en el 3,75%, con una votación de 7 a 2. La decisión estaba descontada, pero el mensaje sigue siendo prudente. El gobernador Bailey votó a favor de una subida inmediata ante el riesgo de efectos de segunda ronda derivados del shock energético.
Por ahora, esos efectos no se están materializando con claridad, en parte por el limitado poder de fijación de precios de las empresas. Aun así, las próximas decisiones dependerán de la evolución de la inflación y del grado de cumplimiento del acuerdo de paz. El mercado sigue descontando solo una subida de 25 puntos básicos a final de año, y no parece probable un movimiento adicional si la inflación no supera el umbral del 4%.
El Banco Nacional de Suiza dejó los tipos en el 0% y reiteró su objetivo de inflación entre el 0% y el 2%. El cambio más relevante estuvo en el tono sobre el franco suizo. La institución suavizó su mensaje anterior y dejó claro que intervendrá en divisas solo si fuera necesario, especialmente en caso de una apreciación rápida y excesiva del franco.
La menor demanda de activos refugio tras el acuerdo provisional en Oriente Medio ha permitido cierta moderación del franco, reduciendo la presión sobre el banco central suizo para actuar de forma sistemática en el mercado de divisas.
Por su parte, el Banco de Noruega mantuvo los tipos en el 4,25%, aunque fue probablemente el más duro en su comunicación. La institución considera que la inflación sigue demasiado alta y apunta a una probable subida de 25 puntos básicos en las próximas reuniones.
La lectura de mercado es de cautela. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha rebajado el riesgo extremo y ha permitido una fuerte corrección del petróleo, pero todavía existen demasiadas piezas abiertas: seguridad en Ormuz, recuperación de la capacidad refinera, inventarios bajos, tensión entre Israel y Hezbolá y bancos centrales vigilantes ante cualquier repunte de inflación.
En este contexto, las bolsas europeas podrían iniciar la sesión con tono defensivo. No parece una huida del riesgo en sentido estricto, sino una toma de beneficios tras el alivio inicial, con los inversores esperando pruebas más claras de que la desescalada en Oriente Medio puede sostenerse en el tiempo.