El cobre volvió a encender la imaginación del mercado tras el fuerte rally de los metales el año pasado. En Wall Street gana peso la idea de que la expansión de los centros de datos de inteligencia artificial mantendrá la demanda disparada y, con una oferta ajustada, empujará al “metal rojo” a nuevos tramos alcistas.
Sin embargo, Capital Economics introduce una nota de prudencia. Según explica Kieran Tompkins, economista senior de clima y materias primas de la firma, parte de la subida reciente del cobre no respondería únicamente a un deterioro real del suministro, sino también a un componente de exuberancia ligado al tono general de otros segmentos del mercado de materias primas.
Tompkins sostiene que, aunque las preocupaciones sobre el suministro siguen presentes, el último impulso podría estar más asociado al “momentum” y a la euforia en otras materias primas. Y cuando el precio se mueve impulsado por narrativa, el problema aparece cuando esa narrativa se enfrenta a la realidad del ciclo.
Mirando a los próximos trimestres, Capital Economics cree que el empuje de demanda relacionado con la IA y la transición ecológica no desaparecerá, pero sí podría verse compensado por un factor clave: la debilidad de la construcción inmobiliaria en China, que históricamente ha sido uno de los mayores motores de consumo de cobre.
Lo que están diciendo, en el fondo: la demanda “nueva” (IA + electrificación) es real, pero si la demanda “clásica” (China inmobiliaria) se enfría más de la cuenta, el equilibrio puede cambiar y la euforia se desinfla.
Con ese choque de fuerzas, Capital Economics anticipa que los precios del cobre podrían moderarse desde los máximos históricos, a medida que el mercado ajuste expectativas y el componente “sentimiento” pierda intensidad. No es tanto una llamada a un desplome inmediato, como una advertencia sobre la asimetría: cuando el consenso se vuelve demasiado uniforme, el riesgo pasa a ser que cualquier sorpresa negativa genere correcciones más rápidas de lo esperado.
En resumen, el mensaje de la firma es de prudencia: el cobre tiene catalizadores estructurales sólidos, pero el mercado podría estar adelantando demasiado el escenario más optimista. Y cuando eso ocurre, la decepción suele venir por la parte donde nadie mira: la demanda tradicional.