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La semana pasada empezó a arreglarse, sobre todo desde el martes. En particular, desde la sesión americana de ese día comenzó a extenderse la sensación de que la guerra en Irán tiene un final más cercano de lo que el mercado temía y de que su fase más incierta ya ha quedado atrás. Si esta semana se confirma ese escenario, como seguimos estimando, habrán sido cuatro semanas de elevada tensión e incertidumbre, enlazadas con algunas adicionales de menor intensidad en las que podrían continuar acciones militares, pero a una escala y con un riesgo bastante inferiores. La perspectiva cambió y los plazos empezaron a resultar aceptables.
El frente convencional reforzó la percepción de que los problemas son menos graves de lo que se temía. El jueves se conocieron en Estados Unidos un par de datos inesperadamente sólidos: la Confianza del Consumidor de marzo se situó en 91,8, frente a 87,2 esperado y 91,2 anterior, mientras que el JOLTS o empleos disponibles de febrero quedó en 6,88 millones, frente a 6,89 millones esperado y 6,95 millones anterior.
En Europa, además, la inflación de marzo no fue tan mala como se temía: +2,5%, frente a +2,6% esperado y +1,9% en febrero. La inflación subyacente retrocedió hasta +2,3% desde +2,4%, algo que también ayudó a tranquilizar algo más al mercado.
Pero el viernes llegó la referencia más importante. El empleo americano salió claramente mejor de lo esperado. La tasa de paro retrocedió hasta 4,3% desde 4,4% y se crearon 178.000 empleos no agrícolas, frente a la destrucción de -133.000 registrada en febrero. Estas cifras no fueron determinantes por sí solas, pero sí ofrecieron un primer colchón de confort a un mercado que empezaba a asumir que las negociaciones para terminar la guerra en Irán cuanto antes son reales, aunque el régimen lo siga negando.
Eso cambió la perspectiva y mejoró los tiempos. Por eso puede defenderse que la semana pasada supuso el primer punto de inflexión para la recuperación del mercado.
Esta semana debería servir para comprobar si el final de la guerra en Irán está realmente próximo. Y hoy vuelve a ser el día clave, porque podría producirse algún tipo de acuerdo que permita reabrir el Estrecho de Ormuz tras el nuevo ultimátum de Trump. El mercado necesita esa señal para consolidar la normalización. Un giro a mejor sigue siendo posible.
Los argumentos que respaldan esta visión son tres y conviene exponerlos con claridad.
Primero. Irán dispone cada vez de menos capacidad militar efectiva, por lo que la amenaza queda mucho más limitada, incluida la nuclear. Ese era el principal objetivo de Estados Unidos e Israel. A partir de aquí, Trump tenderá a emplear un tono más triunfalista, algo que podría favorecer al mercado. Si se reabre Ormuz, mejor. Y si no ocurre de inmediato, el mercado podría empezar a convivir con una guerra más larga, pero con un petróleo estabilizado en la zona de 100/115 dólares por barril.
Segundo. Los estados del Golfo Pérsico y Omán —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros— han dado señales de coordinación con Estados Unidos para garantizar la libre navegación, incluso por la fuerza si fuera necesario. Irán queda así sin aliados regionales relevantes, en un contexto en el que todos saben que necesitan vender petróleo para sostener sus economías. Sin ingresos energéticos, la Guardia Revolucionaria iraní queda mucho más debilitada.
Tercero. El ministro de Exteriores iraní, Araqchi, ha admitido negociaciones con Estados Unidos a través de Witkoff para buscar una salida negociada. Eso deja a la Guardia Revolucionaria más aislada en su apuesta por prolongar la guerra. El régimen muestra divisiones internas y ese detalle es importante porque reduce la cohesión del bloque más beligerante.
Seguimos defendiendo que la paciencia y la sangre fría merecen la pena. Estamos ya en un proceso de normalización que tendrá altibajos, que será irregular y que probablemente resultará inseguro al principio, pero que debería ir dejando atrás la fase más confusa. En ese escenario, el petróleo podría retroceder poco a poco hacia la zona de 90/100 dólares por barril, manteniéndose como referencia una estimación de 85 dólares en diciembre de 2026.
Si ese escenario termina imponiéndose, bolsas y bonos recuperarán confianza de forma progresiva. No todo ha terminado, pero sí parece haber comenzado el proceso de normalización. Y esa diferencia es la que importa ahora para el mercado.