Mientras el mercado intenta reconstruirse tras las últimas caídas, Stephanie Link no está persiguiendo simplemente el rebote. Su estrategia, al menos por ahora, pasa por reforzar posiciones en nombres que considera infravalorados o con catalizadores claros, incluso aunque no sean los favoritos obvios del momento. Es una forma bastante útil de leer este giro del mercado: no comprar euforia, sino buscar valor donde todavía hay escepticismo.
La apuesta más clara de Link en este momento es Truist Financial. La gestora ha señalado que está comprando más acciones del banco regional pese a que el sector financiero ha mostrado debilidad este mes y a que el valor se ha quedado rezagado frente a otros competidores.
Su tesis mezcla varios ingredientes que suelen funcionar bien cuando el mercado empieza a buscar oportunidades selectivas: una acción que cotiza por debajo de su valor contable, una rentabilidad por dividendo atractiva y la posibilidad de que el nuevo equipo directivo mejore la rentabilidad del negocio en los próximos ejercicios. A eso se suma otro factor que el mercado está mirando de cerca: una regulación potencialmente más favorable para la banca, lo que podría traducirse en más recompras y una política de dividendos más generosa.
La lógica detrás de Truist es simple: comprar un banco deprimido, con dividendo elevado y con margen de mejora operativa, justo cuando el mercado aún no se ha convencido del todo.
Otro de los nombres que Link mantiene es Las Vegas Sands. Aquí la tesis es menos macro y más operativa. Aunque reconoce que el ruido regulatorio en torno a mercados de predicción y apuestas puede tener impacto sobre el sector del juego, su visión sobre la compañía sigue siendo positiva por la fortaleza de su negocio en Macao y Singapur.
Es decir, no está comprando una narrativa, sino una empresa que ya genera caja en dos mercados clave del ocio y el turismo premium. Y eso importa mucho en un entorno donde el inversor empieza a discriminar entre compañías con negocio tangible y otras que solo viven de expectativas.
La tercera pata de su estrategia es quizá la más interesante, porque se sale del consenso. Link mantiene exposición al ETF iShares MSCI Brazil (EWZ), una idea que encaja con una visión más amplia sobre la demanda energética ligada al auge de la inteligencia artificial y los centros de datos.
Su argumento es que Brasil no debe verse solo como una economía de materias primas. También tiene potencial en áreas como las fintech, pero sobre todo cuenta con algo que el mercado empieza a valorar cada vez más: energía. En un mundo en el que el desarrollo de IA exige mucha más capacidad eléctrica, los países y compañías capaces de suministrarla pueden ganar protagonismo.
Es una tesis menos evidente que comprar directamente chips o software, pero también menos saturada. Y en este mercado, eso puede ser una ventaja.
Lo interesante del movimiento de Stephanie Link es que no está comprando lo que más sube, sino lo que puede recuperar valor si el mercado deja de estar dominado por el miedo. Ahí hay una diferencia importante. No persigue momentum puro; busca asimetrías razonables.
Nos gusta especialmente la lógica de mezclar bancos castigados, ocio con negocio real y una exposición a Brasil por energía y materias primas. Es una cartera menos glamourosa que otras, pero probablemente más inteligente si el mercado sigue girando de forma irregular.
La conclusión es clara: cuando el mercado rebota, no se trata de comprar cualquier cosa; se trata de comprar lo que aún no ha sido plenamente redescubierto.