La gestora estadounidense Muzinich & Co considera que la reacción de los mercados financieros a la guerra entre Estados Unidos e Irán ha sido, por ahora, relativamente contenida. Según explica Muller, experto de la firma, el comportamiento de los activos aún no refleja plenamente el riesgo extremo que implicaría una escalada más profunda del conflicto, especialmente en lo que respecta al mercado energético.
El principal foco de preocupación se sitúa en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Si el bloqueo se prolongara, el shock de oferta podría intensificarse rápidamente. Muller advierte de que muchos productores del Consejo de Cooperación del Golfo cuentan con una capacidad de almacenamiento limitada, lo que podría obligar a detener parte de la producción si el transporte marítimo se vuelve imposible.
En ese escenario, una operación militar prolongada que interrumpiera la producción energética, la capacidad de refino o el tráfico por Ormuz podría provocar nuevas subidas del petróleo desde los niveles actuales. El impacto iría más allá del mercado energético y podría alterar las perspectivas de crecimiento global.
Desde Muzinich & Co señalan que Europa y Asia serían las regiones más vulnerables a un shock energético de estas características. Más del 80% del petróleo destinado a Asia y cerca del 20% del gas natural licuado procedente de Qatar con destino a Europa atraviesan el estrecho de Ormuz.
Por ello, un escenario de precios energéticos elevados durante un periodo prolongado podría generar tensiones significativas en el crecimiento económico y en los mercados financieros. En Europa, algunos inversores incluso han empezado a preguntarse si podría repetirse un escenario similar al de 2022, cuando el shock energético provocó fuertes tensiones en los spreads de crédito.
Por ahora, la ampliación de estos diferenciales ha sido visible pero limitada. Según Muller, solo una parte de la sobre-rentabilidad acumulada en el crédito europeo durante el año ha sido borrada recientemente, por lo que los retornos totales siguen manteniéndose en terreno positivo.
No obstante, la gestora también contempla un escenario más favorable. Si la operación militar fuera relativamente corta y el conflicto se resolviera en un plazo limitado, los mercados de crédito podrían encontrar oportunidades interesantes. En ese caso, el aumento de la dispersión entre emisores podría generar valor para los inversores.
Un desenlace rápido sería coherente con el ciclo macroeconómico relativamente resiliente observado el año pasado. Las expectativas de beneficios empresariales podrían mantenerse lo suficientemente sólidas como para compensar, al menos parcialmente, las presiones inflacionistas derivadas de un repunte temporal de los precios energéticos.