La tesis de Morgan Stanley es bastante clara: la corrección de la bolsa estadounidense podría estar entrando en su fase final, pero eso no significa que el mercado haya dejado atrás el riesgo. Lo que cambia, según Michael Wilson, estratega jefe de renta variable estadounidense de la firma, es el foco principal de preocupación. El petróleo sigue siendo importante, sí, pero el mayor peligro a corto plazo para las acciones estaría ahora en el comportamiento de los tipos de interés y en la posibilidad de que el mercado vuelva a descontar una Reserva Federal más dura de lo esperado.
Wilson considera que hay cada vez más señales de que la corrección del S&P 500 se aproxima a su final. Su argumento no se basa únicamente en el nivel del índice, sino en el castigo acumulado por una gran parte del mercado. Según explica, más del 50% de los valores del Russell 3000 ya han caído más de un 20%, es decir, han entrado en terreno de mercado bajista.
Eso significa que el daño real ha sido mucho mayor de lo que sugiere a simple vista el comportamiento del S&P 500. De hecho, también recuerda que el múltiplo precio-beneficio forward del índice para los próximos doce meses se ha comprimido un 17%, un ajuste comparable al de otros episodios de preocupación por el crecimiento en ausencia de recesión o de una subida de tipos efectiva por parte de la Fed.
La idea de Wilson es simple: el mercado ya ha purgado bastante miedo, bastante valoración y bastante exceso. Por eso cree que la corrección puede estar cerca de agotarse.
Lo más interesante del análisis es que Morgan Stanley desplaza el foco del petróleo a los bonos. Según Wilson, el mercado ya habría descontado en buena medida un escenario en el que la oferta de crudo se ve restringida, pero sin llegar a provocar una recesión. Por eso, el factor verdaderamente decisivo a corto plazo sería ahora el nivel de las rentabilidades de la deuda.
Wilson destaca que la correlación negativa entre tipos y bolsa se encuentra en uno de sus niveles más altos de los últimos años. Es decir, cuando suben las rentabilidades, las acciones sufren con más intensidad porque la presión sobre valoración aumenta. En este contexto, el nivel a vigilar en el bono estadounidense a diez años sería el 4,5%, umbral a partir del cual el impacto sobre las valoraciones bursátiles empezaría a ser mucho más serio.
Ésa es, para Morgan Stanley, la verdadera amenaza inmediata: que los futuros de los fondos federales vuelvan a moverse hacia un escenario más agresivo y que ese endurecimiento implícito termine elevando otra vez los rendimientos. Si eso ocurre, el rebote de la bolsa podría retrasarse o perder consistencia.
El comportamiento reciente del mercado encaja bastante bien con esta lectura. El viernes, el bono a diez años llegó a tocar el 4,48% antes de cerrar en el 4,44%, mientras el S&P 500 cedía un 1,7%. El lunes, en cambio, los rendimientos retrocedieron con fuerza tras las declaraciones de Jerome Powell, que insistió en que las expectativas de inflación parecían bien ancladas más allá del corto plazo.
Ese mensaje ayudó a relajar las apuestas más agresivas sobre tipos y provocó una caída de unos 9 puntos básicos en el diez años, hasta la zona del 4,35%. Sin embargo, el alivio no fue completo: el S&P 500 abrió al alza, pero terminó cediendo un 0,4% por la presión del petróleo, con un Brent camino de cerrar el mes con una subida récord del 55%.
Eso deja una conclusión incómoda: si bajan los rendimientos, la bolsa respira; si vuelven a repuntar, el mercado volverá a ponerse muy nervioso.
Dentro de este marco, Morgan Stanley vuelve a ver valor en las grandes tecnológicas. La firma señala que las “Siete Magníficas” cotizan ahora a unas 23 veces beneficios, prácticamente el mismo múltiplo que el sector de consumo básico, una de las coberturas defensivas más populares del mercado, que se mueve en torno a 22 veces.
La diferencia, subraya la firma, es que el crecimiento esperado de beneficios para ese grupo tecnológico es más de tres veces superior. Eso mejora de forma notable el perfil rentabilidad-riesgo relativo, sobre todo si los tipos dejan de presionar tanto y el mercado empieza a recompensar otra vez a los negocios con mayor crecimiento estructural.
Wilson también apunta a los sectores que podrían hacerlo mejor si la tensión en el petróleo se modera y si los petroleros vuelven a circular con más normalidad por el Estrecho de Ormuz. En ese escenario, Morgan Stanley espera una mejor evolución del consumo discrecional, las financieras y los industriales de ciclo corto.
La lógica es bastante clara. Son áreas más sensibles a la percepción de crecimiento, a la normalización de costes energéticos y a una relajación del miedo macro. Es decir, si la actual crisis del crudo empieza a aflojar, esos segmentos tendrían bastante margen para recuperar terreno.
La conclusión del banco no es que todo esté resuelto, sino que la parte más intensa de la corrección podría estar bastante avanzada. El mercado ya ha ajustado valoraciones, ha castigado duramente a muchas acciones por debajo de la superficie y empieza a mostrar un mejor equilibrio entre riesgo y rentabilidad.
Pero el matiz importa mucho: el rebote dependerá menos del petróleo de lo que muchos creen y más de que las rentabilidades de la deuda no vuelvan a tensarse con fuerza. Si ese frente aguanta, Morgan Stanley cree que la bolsa podría estar cerca de dejar atrás lo peor. Si no, el mercado todavía tendrá motivos para seguir incómodo.