La fuerte corrección del sector tecnológico ha generado nerviosismo en Wall Street, pero no todos los estrategas la interpretan como una señal de ruptura del mercado alcista. Según Jamie Chisholm, recogiendo la visión de Mike Wilson, principal estratega bursátil de Morgan Stanley, el retroceso puede entenderse mejor como un “reinicio saludable” tras semanas de fuerte euforia en determinadas áreas del mercado.
El Nasdaq Composite cayó un 4,2% el viernes, su mayor descenso diario en puntos de la historia, mientras el castigo se trasladó también a Asia, con el Kospi surcoreano perdiendo más de un 8% el lunes. Aun así, la lectura de Morgan Stanley es que el movimiento responde más a una limpieza de excesos que a un deterioro profundo del fondo económico.
La caída estuvo liderada por los valores de semiconductores y memorias. El PHLX Semiconductor Index se desplomó un 10% el viernes, su mayor caída diaria desde 2020. Sin embargo, Wilson recuerda que el punto de partida era extremo: el índice acumulaba una subida del 96% en el año hasta mediados de la semana pasada.
Además, el sector cotizaba un 35% por encima de su media móvil de 50 días, la mayor distancia en unos 25 años, y su RSI de 9 sesiones se situaba en 83, un nivel que evidenciaba una sobrecompra muy acusada.
La lectura técnica es clara: los semiconductores no cayeron desde una posición neutra, sino desde una zona de sobreextensión muy elevada. Eso hace que la corrección sea menos sorprendente.
Morgan Stanley no interpreta este ajuste como el final del mercado alcista en tecnología o semiconductores, pero sí advierte de que estas áreas no suelen recuperarse de inmediato tras caídas tan bruscas.
El factor momentum también sufrió su mayor retroceso desde 2020, con una caída del 8%, debido al elevado solapamiento entre las estrategias de impulso y los valores ligados a semiconductores e inteligencia artificial.
La clave ahora será comprobar con qué rapidez se normaliza el posicionamiento. Si los inversores reducen apalancamiento y se limpia el exceso sin que los beneficios se deterioren, la corrección podría reforzar la sostenibilidad del mercado alcista.
Wilson señala que uno de los factores que habrá que vigilar es la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años. Si supera con claridad el nivel del 4,5%, podría provocar una compresión de múltiplos en la renta variable.
Ese riesgo es especialmente relevante para las compañías de crecimiento, donde buena parte de la valoración depende de beneficios futuros. Tipos más altos reducen el valor presente de esos flujos esperados y obligan al mercado a exigir más disciplina en precios.
Morgan Stanley también muestra cautela sobre la liquidez. Según Wilson, la liquidez impulsada por la Reserva Federal y el Tesoro se ha reducido tras la rápida expansión del primer trimestre, una dinámica que ya se reflejaba en el mal comportamiento de metales preciosos y criptomonedas antes del desplome del viernes.
El mercado puede seguir alcista, pero no inmune: si los bonos continúan tensionándose, las valoraciones más exigentes seguirán bajo presión.
El argumento central de Morgan Stanley es que la narrativa fundamental sigue intacta. La economía mantiene un tono razonable y los beneficios empresariales muestran una mejora más amplia y sostenible de lo que muchos inversores reconocen.
Wilson destaca que el último ISM manufacturero subió hasta 54, su nivel más alto desde 2022. Además, el informe de empleo del viernes mostró una media móvil de tres meses de 166.000 nuevos empleos, la cifra más alta desde 2023.
En el plano de beneficios, la amplitud de las revisiones de ganancias del S&P 500 ha alcanzado el 26%, un nuevo máximo del ciclo. Para Morgan Stanley, este dato es clave: el mercado no depende únicamente de un grupo reducido de tecnológicas, sino que la mejora de beneficios empieza a extenderse.
Wilson considera que este escenario permite a los inversores alejarse de estrategias de momentum todavía muy saturadas y buscar oportunidades en áreas menos sobrecompradas.
Entre los sectores que menciona destacan:
Dentro de tecnología, Morgan Stanley reconoce que semiconductores y hardware vinculado a memorias han tenido las mejores revisiones de beneficios, aunque también son los segmentos donde el mercado ya ha descontado gran parte de esa mejora.
Wilson mantiene más dudas sobre el software como próximo liderazgo tecnológico. No obstante, señala que si el sector empieza a batir al mercado en términos relativos, podría justificar una revisión más positiva, ya que las revisiones de beneficios también han mejorado recientemente.
La conclusión de Morgan Stanley es que los mercados rara vez suben en línea recta al ritmo observado desde los mínimos de marzo. En ese contexto, una corrección era prácticamente inevitable.
Lejos de verla como una señal de agotamiento definitivo, Wilson la interpreta como una condición necesaria para que el mercado alcista pueda extenderse hasta final de año. Su escenario base sigue contemplando un S&P 500 en 8.000 puntos, apoyado en beneficios empresariales sólidos, mayor amplitud en las revisiones y un entorno económico todavía favorable.
La idea de fondo es constructiva, pero selectiva: la caída tecnológica limpia excesos, no destruye la tesis alcista. A partir de ahora, el mercado debería premiar menos el momentum puro y más la solidez real de beneficios.