"Mientras Ormuz siga cerrado de facto, la presión sobre los mercados continuará"

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 03 mar, 2026 09:54
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Puntos clave
  • El Estrecho de Ormuz, por donde pasa ~el 20% del crudo y GNL mundial, se convierte en el eje del riesgo para inflación y mercados.
  • Los inversores empiezan a descontar más inflación, tipos más altos y mayor gasto público, con las TIRes al alza en todos los tramos.
  • Mientras Ormuz siga “cerrado de facto”, la presión sobre bolsas y bonos y la volatilidad podrían mantenerse durante varias semanas.

Tal y como explica Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, el Estrecho de Ormuz es uno de los enclaves geopolíticos más relevantes del planeta y, por extensión, un punto crítico para los mercados financieros. Se trata de un paso marítimo relativamente estrecho y poco profundo, factores que condicionan tanto la operativa comercial como el despliegue militar en la zona.

Ormuz, epicentro energético y geopolítico


Por Ormuz transita aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado (GNL) del mundo, con un destino mayoritario hacia Extremo Oriente y China como principal comprador. Para Irán, la venta de crudo es su mayor fuente de divisas; para China, un cierre prolongado obligaría a buscar suministros alternativos en un contexto complejo, con Rusia en guerra, Venezuela muy limitada y Estados Unidos como socio poco probable.

Aunque la OPEP ha mostrado su disposición a aumentar la producción —se ha hablado de hasta tres millones de barriles diarios adicionales—, a corto plazo el mercado descuenta que el precio del barril solo puede ir al alza. Eso implica más presión sobre la inflación global y, en consecuencia, tipos de interés más altos o, como mínimo, no más bajos de lo que se esperaba para EE.UU.

Inflación, bancos centrales y energía


En el contexto actual, uno de los mayores temores del mercado es el regreso de las presiones inflacionistas en un momento en el que los bancos centrales ya llegan muy tensionados. Según recuerda Pedro del Pozo, la Casa Blanca presiona por una política monetaria más laxa, mientras que la Reserva Federal de Jerome Powell lucha por mantener la credibilidad en un entorno de IPCs que se resisten a bajar.

La “correa de transmisión” de esta tensión es, fundamentalmente, el precio de la energía: petróleo y gas. Una sacudida exógena sobre estas materias primas no es, precisamente, lo más conveniente para unas economías que ya muestran signos de ligera ralentización.

Resulta significativo, apunta el autor, que en estas primeras fases del conflicto no se hayan atacado aún las instalaciones petrolíferas iraníes, lo que sugiere cierta voluntad de evitar un shock extremo de oferta… al menos de momento.

Deuda pública, duración del conflicto y volatilidad


Las bolsas acumulan ya retrocesos relevantes, pero quizá lo más llamativo es el comportamiento de la deuda pública: lejos de actuar como refugio, las rentabilidades están subiendo en todos los tramos de la curva. Los inversores descuentan más inflación, tipos más altos y mayor gasto público, especialmente en defensa.

El despliegue militar de Estados Unidos —con cientos de aviones de combate, portaaviones, aeronaves de alerta temprana y cisternas de reabastecimiento—, sumado a los medios israelíes, apunta a una campaña aérea intensa de varias semanas, quizá hasta un mes, como ha sugerido el propio Donald Trump. Se descarta, en principio, una invasión terrestre, lo que deja como opciones un derrumbe interno del régimen iraní (posible pero poco probable) o la destrucción parcial de su infraestructura nuclear y misilística mediante ataques aéreos.

En resumen, podemos enfrentarnos a varias sesiones de fuerte volatilidad en bolsa y bonos. Y, como concluye Pedro del Pozo, mientras el Estrecho de Ormuz siga cerrado de facto, o ninguna naviera se atreva a asumir el riesgo de cruzarlo, la presión sobre los mercados muy probablemente continuará.

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