Yves Bonzon, CIO de Julius Baer, sostiene que los mercados han optado por interpretar el shock del petróleo y la tensión en Oriente Medio como una perturbación temporal, no como una crisis estructural. Según su análisis semanal, la recuperación del S&P 500 hasta nuevos máximos y la mejora de los mercados de crédito reflejan que los inversores siguen descontando un impacto limitado sobre la economía global y los beneficios empresariales.
El repunte de las últimas semanas resulta llamativo. No solo se ha revertido la caída previa de la bolsa estadounidense, sino que las grandes tecnológicas han recuperado protagonismo. Para Bonzon, las compañías basadas en activos intangibles vuelven a comportarse mejor que las más ligadas a activos físicos.
Desde principios de abril, las conocidas como Siete Magníficas han rebotado con fuerza, tanto en términos absolutos como frente al resto del S&P 500. El catalizador exacto no es evidente, aunque Julius Baer apunta a un factor central: la creciente penetración de la inteligencia artificial en las empresas.
Bonzon destaca también el dinamismo de compañías privadas como Anthropic, OpenAI o SpaceX, que podrían preparar el terreno para futuras salidas a bolsa. En su opinión, todavía es pronto para apostar contra el ciclo de inversión en IA, salvo que se produjera un deterioro abrupto.
La gran pregunta para el mercado estadounidense no es si la IA sigue generando entusiasmo, sino si ese entusiasmo terminará traduciéndose en rentabilidad tangible para empresas cotizadas y privadas.
El CIO de Julius Baer advierte de que los riesgos actuales son muy diferentes a los que dominaron las últimas tres décadas. Antes, las crisis tenían un componente principalmente financiero, como ocurrió en 2008 o durante la crisis de deuda europea. Ahora, los riesgos se concentran más en la economía física: energía, cadenas de suministro, materias primas críticas y tensiones geopolíticas.
Este cambio complica la lectura de los mercados. Evaluar una crisis bancaria es una cosa; anticipar cómo encontrarán un nuevo equilibrio los mercados de petróleo, gas o metales raros es otra muy distinta. Además, el resultado depende de decisiones políticas y militares difíciles de prever.
Julius Baer mantiene por ahora su marco de choque externo, lo que implica no sobrerreaccionar y mantener las carteras cerca de sus asignaciones estratégicas mientras se observa la evolución del conflicto y del petróleo.
Bonzon dedica parte de su análisis a una idea de fondo: la economía de la guerra ha cambiado radicalmente. La expansión de drones, misiles baratos y robótica militar está reduciendo la ventaja tradicional de las grandes potencias, que se ven obligadas a responder con sistemas defensivos mucho más caros y complejos.
Esta asimetría puede limitar de forma duradera el dominio militar de los grandes países y alterar algunos equilibrios geopolíticos. Para Julius Baer, incluso podría cuestionar parte del sistema del petrodólar, basado en la capacidad de Estados Unidos para garantizar la libertad de navegación en puntos marítimos estratégicos.
El mercado tiende a centrarse en el impacto inmediato de los conflictos, pero los cambios tecnológicos en defensa pueden tener consecuencias mucho más profundas para comercio, energía y divisas.
En términos de inversión, Bonzon extrae varias conclusiones claras. La primera es que el dominio fiscal en los países del G7 seguirá intensificándose, lo que hace menos atractivos los bonos gubernamentales de estas economías y también el exceso de liquidez.
La segunda es la necesidad de diversificar fuera de los activos estadounidenses. Julius Baer prioriza especialmente el oro y la deuda de mercados emergentes en divisa local, incluido el renminbi. La tercera conclusión es que, dentro de Estados Unidos, el foco debe seguir en las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial.
En conjunto, Bonzon defiende mantener una cartera diversificada, combinando exposición a tecnología de la información con sectores estratégicos ligados a materias primas. El mensaje central es aceptar la volatilidad de corto plazo, pero sin abandonar la inversión mientras el ciclo de IA siga vivo y el shock energético no derive en una crisis económica más profunda.