Christian Gattiker, Jefe de Investigación, Julius Baer
Durante el fin de semana, Estados Unidos entró formalmente en el conflicto entre Israel e Irán. El presidente Trump confirmó un ataque aéreo estadounidense contra tres importantes instalaciones nucleares iraníes, incluida la instalación de Fordow, profundamente enterrada, con todas las aeronaves fuera del espacio aéreo iraní.
El ataque marca un cambio crucial en la situación geopolítica: la mayor potencia militar del mundo se ha sumado directamente al conflicto. Sin embargo, los mercados financieros siguen anclados en una regla familiar: la escalada debe seguir acelerándose de forma significativa e impredecible para considerar una disrupción sostenida. Hasta que Irán responda, este mercado seguirá impulsado por los titulares.
A pesar de la gravedad de la medida, el mensaje del presidente Trump sugiere un deseo de desescalar, algo que recuerda al episodio de Soleimani en 2020. Pero el cálculo del riesgo ha cambiado según nuestra fuente preferida de análisis geopolítico: Irán casi con certeza tomará represalias, y la naturaleza de dichas represalias determinará si este evento se ajusta a la estrategia de la "Geopolítica básica" o se transforma en algo aún más peligroso.
Si Teherán persiste en atacar activos estadounidenses en Irak, los mercados podrían estabilizarse rápidamente. Si ataca otras bases regionales o el Estrecho de Ormuz, se espera una renovada aversión al riesgo generalizada. Por ahora, parece probable un retroceso táctico en las acciones y un repunte del petróleo, pero seguimos atentos a la oportunidad de contrarrestar estos movimientos.