Según recoge el artículo original de CNBC, firmado por Fred Imbert, 2025 está siendo un año muy positivo para las bolsas, con el S&P 500 subiendo alrededor de un 14% y marcando máximos históricos, impulsado sobre todo por el entusiasmo en torno a las compañías de inteligencia artificial. Sin embargo, la responsable de análisis de JPMorgan, Joyce Chang, advierte que el panorama para 2026 es mucho más incierto y que los riesgos se acumulan en el horizonte.
Tal y como apunta JPMorgan en la conferencia macro celebrada en Nueva York, el impulso del mercado en 2025 ha venido en gran medida de la “validación” de la temática de IA, mayores inversiones en capex y un entorno de desregulación favorable a los activos de riesgo. No obstante, en las últimas semanas han comenzado a aparecer dudas sobre las valoraciones que los inversores están dispuestos a pagar por algunos nombres ligados a la inteligencia artificial, lo que ha generado episodios de volatilidad.
Nosotros pensamos que, como señala Joyce Chang, la narrativa positiva de la IA convive ya con una fase de mayor exigencia: el mercado empieza a cuestionar si los beneficios futuros justificarán las valoraciones actuales, lo que podría traducirse en correcciones selectivas en 2026 aunque el tema estructural siga vigente.
Uno de los grandes riesgos señalados por JPMorgan, y recogido por CNBC, es el posible impacto de una sentencia del Tribunal Supremo sobre la legalidad de muchos de los aranceles implementados durante la administración Trump. Varios jueces, incluso de perfil conservador, han mostrado dudas sobre la base legal de esos aranceles, que se apoyaron en la legislación de emergencia conocida como IEEPA.
Si el Supremo limita o invalida parte de esos aranceles, podría ponerse en cuestión una parte relevante de los 350.000 millones de dólares de ingresos anuales por aranceles que JPMorgan incorpora a su escenario base para Estados Unidos, donde se proyecta un déficit del 6,2% del PIB en el ejercicio fiscal 2026. Un recorte de esos ingresos obligaría a replantear la combinación de impuestos, gasto y financiación, con potencial impacto en crecimiento y en los mercados de deuda.
Otro foco de riesgo destacado por Joyce Chang es la relación entre Estados Unidos y China. Tras la cumbre Xi–Trump en Corea, el presidente estadounidense parece apostar por un marco de relación tipo G2, evitando escaladas directas pero compitiendo por “ventajas incrementales” a través de puntos de estrangulamiento (chokepoints) en cadenas de suministro críticas.
Según el análisis de JPMorgan citado por CNBC, las restricciones selectivas de China sobre imanes y minerales críticos, que afectan desde misiles hasta asientos de coche, han puesto de manifiesto hasta qué punto el mundo depende de estos puntos de control chinos. Cualquier intensificación en esta guerra silenciosa de suministros podría generar choques de precios, presión sobre márgenes empresariales y rotaciones bruscas entre sectores.
El tercer gran riesgo que subraya Joyce Chang tiene que ver con la política interna estadounidense. La ajustada victoria demócrata en las últimas elecciones deja a la Cámara de Representantes muy abierta para las midterms de 2026. A día de hoy, según el análisis de JPMorgan, los demócratas únicamente necesitarían unos tres escaños para recuperar el control de la Cámara.
Si los demócratas lograran hacerse con una de las cámaras del Congreso, la consecuencia probable sería una mayor confrontación entre poder legislativo y ejecutivo, con más riesgo de bloqueos presupuestarios y cierres parciales de la Administración, algo que ya se ha visto en los últimos años. Este entorno de mayor ruido político podría traducirse en episodios recurrentes de volatilidad en renta variable y crédito.
Reflexión de Capital Bolsa
En nuestra opinión, el trabajo de JPMorgan y las conclusiones que recoge el artículo de CNBC de Fred Imbert confirman que 2026 será, probablemente, un año con más riesgo de “shock” que de euforia sostenida. No se trata de un escenario de colapso, sino de un entorno donde factores políticos, geopolíticos y fiscales pueden generar sobresaltos en un mercado que llega desde niveles de valoración exigentes, especialmente en la temática de IA.
Creemos que, ante este tipo de panorama, los inversores deberían combinar exposición a activos de riesgo con una gestión muy activa del riesgo: más peso en compañías de calidad, balances robustos y generación sólida de caja; menos dependencia de narrativas “perfectas” en segmentos con valoraciones extremas. Para nosotros, 2026 apunta a ser un año de selección más que de beta indiscriminada, donde la disciplina en la construcción de cartera pesará más que el simple impulso del ciclo.
Al tratarse de un análisis macro y político general, y no de un valor concreto, no cabe hablar aquí de precio objetivo consenso ni de recomendación consenso sobre un activo específico. La clave está en cómo integramos estos riesgos en nuestras estrategias sobre índices globales, deuda soberana estadounidense y sectores más expuestos a IA, comercio internacional y ciclo político en EE. UU.