Jeremy Grantham, cofundador de GMO y conocido por sus frecuentes advertencias sobre las burbujas de mercado, vuelve a estar en el centro del debate financiero. El motivo es la aparente contradicción entre su visión bajista sobre la bolsa y las inversiones tecnológicas de alto crecimiento realizadas a través de la fundación que concentra buena parte de su patrimonio.
La polémica surgió después de que Thomas Braziel analizara las declaraciones fiscales públicas de la Grantham Foundation for the Protection of the Environment. Según ese análisis, la fundación ha invertido en algunas de las firmas de capital riesgo más destacadas del momento, entre ellas Thrive, Lux Capital y Founders Fund.
Estas gestoras no son vehículos conservadores. Sus carteras están expuestas a sectores de fuerte crecimiento como inteligencia artificial, software, robótica, biotecnología, tecnología climática, semiconductores, defensa y compañías de frontera tecnológica. Algunas de esas inversiones estarían además vinculadas a SpaceX, compañía cuya reciente salida a bolsa fue criticada por el propio Grantham.
La fundación también ha mantenido inversiones directas en compañías cotizadas de perfil especulativo, como QuantumScape, empresa de baterías que aún no ha generado ingresos por producto ni beneficios desde su fusión con una SPAC en 2020.
El debate se centra en si existe una incoherencia entre el Grantham “permabear”, que advierte de los excesos del mercado, y el Grantham inversor, que canaliza capital hacia empresas tecnológicas de alto potencial. Para algunos críticos, ambas posiciones no encajan: desde una visión macro advierte de burbujas, pero desde una aproximación micro financia precisamente algunas de las áreas más calientes del mercado.
Sin embargo, Grantham ya ha defendido en el pasado la industria estadounidense de capital riesgo. Ha señalado que el venture capital es una de las partes más dinámicas del capitalismo norteamericano, al financiar a algunas de las compañías más innovadoras antes de que lleguen al mercado cotizado.
La diferencia clave está en la valoración y en la fase de inversión. Los fondos de capital riesgo pueden entrar en compañías de alto crecimiento en etapas más tempranas y, en algunos casos, a valoraciones más atractivas que las disponibles para los inversores en bolsa tras una OPV. A cambio, asumen un riesgo mucho mayor, ya que muchas de esas empresas pueden fracasar antes de alcanzar madurez comercial.
Por tanto, la aparente contradicción puede interpretarse más como una distinción entre dos tipos de riesgo. Grantham puede considerar que el mercado cotizado está caro y, al mismo tiempo, creer que determinadas tecnologías disruptivas merecen exposición si se accede a ellas en fases privadas y a través de gestores especializados.
El debate llega en un momento en el que el S&P 500 se encuentra muy cerca de máximos históricos, mientras los futuros estadounidenses apuntan a nuevas subidas. Este contexto refuerza la discusión sobre si el mercado está descontando un escenario demasiado optimista o si la innovación tecnológica sigue justificando valoraciones elevadas en determinados segmentos.