Según recoge el periodista Jules Rimmer, el cofundador y copresidente de Oaktree Capital Management, Howard Marks, ha dado un giro relevante en su visión sobre la inteligencia artificial. Si en diciembre cuestionaba abiertamente si el boom bursátil de la IA podía ser una burbuja, su último memorando, titulado “AI hurtles ahead”, muestra una postura mucho más abierta al potencial transformador de esta tecnología.
Marks decidió probar el modelo Claude de Anthropic tras recibir recomendaciones de inversores. El resultado, según sus propias palabras citadas en el artículo original, fue de auténtica sorpresa. Describe el nivel de asombro ante la capacidad del sistema para tomar decisiones inteligentes, mostrar algo parecido al juicio y contribuir incluso a su propio proceso de mejora.
También menciona avances como ChatGPT-5.3 Codex y Claude Opus 4.6, señalando que la IA ya no solo procesa información, sino que participa activamente en la generación y optimización de código, creando un bucle de mejora acelerado.
Para Marks, en términos de análisis de información, la IA posee muchas de las cualidades necesarias para ser un buen inversor: disciplina, capacidad de procesamiento masivo y ausencia de sesgos emocionales como el miedo o la codicia.
Aunque reconoce que el potencial de la IA podría estar infravalorado, Marks mantiene su disciplina clásica como inversor en crédito y riesgo. Advierte que la existencia de una tecnología disruptiva no garantiza que:
• Todas las compañías vinculadas a la IA sean buenos negocios.
• Las valoraciones actuales reflejen márgenes de seguridad adecuados.
• Las inversiones masivas en infraestructura generen retornos suficientes.
Le preocupan especialmente los modelos de ingresos circulares, las startups tipo “billete de lotería” y el posible desplazamiento laboral. Además, reconoce que aún es pronto para determinar si la ola actual es una revolución sostenible o un exceso de entusiasmo.
Su conclusión es clara: nadie debería estar “all-in” en IA, pero tampoco permanecer completamente fuera. La clave es el equilibrio entre potencial estructural y disciplina en valoración.