Renta 4 Banco
Las bolsas europeas apuntan a una apertura claramente bajista tras una sesión del viernes muy negativa en Wall Street. Los futuros del Eurostoxx retroceden en torno al 1,5%, mientras los futuros estadounidenses apenas ceden un 0,1%, después de que el S&P 500 perdiera un 2,6% y el Russell 2000 un 3,5%.
El golpe más severo volvió a concentrarse en la tecnología. El Nasdaq cayó un 4,8%, su mayor descenso desde abril de 2025, arrastrado por el desapalancamiento de posiciones muy concentradas en inteligencia artificial y semiconductores. La presión también se ha trasladado a Asia, con el Nikkei japonés cayendo cerca del 4% y el Kospi surcoreano desplomándose un 8%, hasta activar un circuit breaker. Samsung y SK Hynix llegaron a registrar recortes superiores al 10% durante la sesión.
El ajuste no responde solo a la geopolítica. El verdadero detonante ha sido el cambio de expectativas sobre tipos tras un dato de empleo estadounidense mucho más sólido de lo previsto.
El informe de empleo estadounidense del viernes sorprendió al alza. Las nóminas no agrícolas aumentaron en 172.000 empleos, frente a los 88.000 esperados, además de una revisión positiva de 93.000 empleos en los dos meses anteriores. La tasa de paro se mantuvo en el 4,3% por tercer mes consecutivo, mientras los salarios se moderaron hasta el 3,4%, desde el 3,6% previo.
La lectura es incómoda para los mercados: el mercado laboral sigue siendo suficientemente resistente como para permitir a la Reserva Federal centrarse en el objetivo de estabilidad de precios. Esto refuerza la expectativa de una subida de 25 puntos básicos en 2026 y eleva la probabilidad de una segunda subida en 2027.
Tras el dato, la reacción fue inmediata: el VIX repuntó un 40%, las rentabilidades de los bonos subieron con fuerza —10 puntos básicos en el tramo a dos años y 6 puntos básicos en el diez años— y el dólar se apreció hasta la zona de 1,15 frente al euro.
La semana estará marcada por cuatro grandes referencias:
En Oriente Medio, las últimas noticias apuntan a un fuego cruzado creciente entre Israel e Irán. Israel ha golpeado objetivos militares iraníes en represalia por un ataque de misiles de Teherán, pese a la petición explícita de Donald Trump a Benjamin Netanyahu de no responder.
Estados Unidos ha calificado los ataques israelíes como de alcance relativamente limitado, pero la tensión regional aumenta. Arabia Saudí ha activado alertas de misiles en zonas con bases militares estadounidenses y el alto el fuego vigente desde el 8 de abril afronta su prueba más seria hasta la fecha. Además, las negociaciones entre EE.UU. e Irán siguen sin avanzar, con Israel, Líbano y Hezbolá como principales obstáculos.
El Brent sube cerca del 5%, hasta los 98 dólares por barril. El incremento aprobado por la OPEP+ para julio pierde relevancia práctica si el bloqueo del Golfo limita la capacidad real de suministro.
El miércoles se publicará el IPC estadounidense de mayo. El mercado espera que la tasa general repunte hasta el 4,2%, desde el 3,8% anterior, principalmente por el componente energético. La inflación subyacente también podría subir ligeramente, hasta el 2,9%, frente al 2,8% previo.
El dato no debería cambiar la decisión de la Fed en la reunión del 17 de junio, en la que no se esperan movimientos en los tipos. Sin embargo, sí será relevante para el resto del año, especialmente después del fuerte dato de empleo y del nuevo repunte del petróleo.
También habrá que vigilar los posibles cambios en la comunicación de la Reserva Federal con la llegada de Kevin Warsh a la presidencia. Su mandato podría traer una menor dependencia del forward guidance y del dot plot, lo que introduciría más incertidumbre sobre la función de reacción del banco central.
El jueves será el turno del BCE. El mercado descuenta completamente una subida de 25 puntos básicos, hasta situar el tipo de depósito en el 2,25%. Sería la primera subida desde septiembre de 2023 y tendría un claro componente preventivo: evitar efectos de segunda ronda tras el repunte inflacionista provocado por el shock energético.
Los últimos datos han reforzado esa expectativa. El IPP subió un 4,9% interanual en abril, frente al 2% anterior, mientras el IPC preliminar de mayo repuntó al 3,2%, máximos desde septiembre de 2023. También se observa cierta traslación a la inflación subyacente, que subió al 2,5% desde el 2,2% previo.
El BCE actualizará además su cuadro macroeconómico. No se esperan grandes cambios, aunque sí cierta revisión al alza de la inflación y a la baja del crecimiento para 2026, sin modificaciones relevantes en las estimaciones de 2027.
Lo razonable es que el organismo mantenga un enfoque dependiente de los datos y reunión a reunión. Aunque el mercado descuenta hasta tres subidas hasta el primer trimestre de 2027, conviene evitar una lectura excesivamente agresiva. El escenario actual no es comparable al de 2022: entonces al shock de oferta se sumaba un shock de demanda tras la reapertura pos-Covid, con mayor estímulo fiscal, inflación más elevada y una política monetaria mucho más laxa.
El BCE necesita anclar expectativas de inflación, pero también evitar un endurecimiento excesivo. La historia ofrece advertencias claras: en 2008 y 2011, Jean-Claude Trichet subió tipos para frenar repuntes inflacionistas asociados al petróleo, antes de verse obligado a recular por la Gran Crisis Financiera y la Crisis de Deuda Europea.
Una subida de seguridad de 25 puntos básicos en junio puede ser defendible. Lo que sería más peligroso es transformar esa subida en el inicio de un ciclo prolongado de endurecimiento monetario en una economía europea ya frágil.
La clave será el tono de Lagarde: suficientemente firme para evitar un desanclaje de expectativas, pero no tan duro como para alimentar el riesgo de estanflación.
Las bolsas siguen cerca de máximos, pero el camino se complica. La volatilidad será más selectiva y estará condicionada por dos variables principales: geopolítica y tipos de interés. El mercado podría estar infravalorando el riesgo de unos precios energéticos elevados durante más tiempo, algo que limitaría una nueva expansión de múltiplos.
Con un PER forward del S&P 500 en torno a 21 veces, la continuidad alcista dependerá cada vez más de la solidez de los beneficios empresariales. La inteligencia artificial sigue siendo el gran motor estructural de crecimiento, pero las últimas caídas demuestran que las posiciones más concentradas también son las más vulnerables cuando cambia el precio del dinero.
El debut bursátil de SpaceX el viernes será otro test relevante para medir el apetito real por riesgo. Si la operación sale bien, puede ayudar a estabilizar el sentimiento. Si decepciona, reforzaría la idea de que el mercado empieza a exigir más disciplina en valoraciones.
En este entorno, conviene ser selectivos: mantener exposición a calidad y crecimiento real, pero reducir complacencia en valores de IA donde la valoración ya descuenta una ejecución casi perfecta.