Richard Bernstein, veterano de Wall Street y uno de los pocos estrategas que alertó con antelación del estallido de la burbuja tecnológica en el año 2000, vuelve a lanzar un mensaje incómodo para el consenso actual. En una reciente entrevista, el fundador y CIO de Richard Bernstein Advisors (RBA) sostiene que el mercado vive una burbuja incluso mayor que la de las puntocom, concentrada ahora en las llamadas “Magnificent 7”.
Para Bernstein, el principal riesgo no es macroeconómico ni de beneficios agregados, sino la excesiva concentración del mercado en un puñado de grandes tecnológicas. Aunque su firma reconoce una visión negativa solo sobre entre 10 y 25 valores, el problema es que esos valores dominan los índices y el sentimiento inversor.
El estratega pone el foco en la enorme brecha de valoración entre el S&P 500 tradicional y su versión equiponderada: un PER adelantado cercano a 24 veces frente a unas 14 veces, respectivamente. Esta diferencia refleja hasta qué punto los inversores están pagando múltiplos muy elevados por crecimiento que, según Bernstein, no es tan exclusivo como el mercado cree.
Bernstein establece un paralelismo directo con la burbuja puntocom. En aquel entonces, el relato dominante era que unas pocas compañías tecnológicas justificaban cualquier valoración. Sin embargo, el dato que suele olvidarse es que la empresa media del S&P 500 crecía beneficios cerca del 30%, algo que desmontaba la supuesta singularidad del sector estrella.
Hoy, argumenta, ocurre algo similar. Existe una amplia base de compañías con tasas de crecimiento comparables a las grandes tecnológicas, lo que introduce competencia real por ese crecimiento. Y cuando el crecimiento deja de ser exclusivo, los múltiplos extremos dejan de ser sostenibles.
El enfoque de RBA se apoya en su modelo del Earnings Expectations Life Cycle, desarrollado en 1990, que describe cómo las acciones rotan a lo largo de un ciclo de entusiasmo inversor. El punto óptimo para comprar, según Bernstein, se sitúa en torno a las “7 en punto” del reloj: cuando se producen sorpresas positivas, pero antes de que el crecimiento se vuelva una obsesión generalizada.
En la coyuntura actual, ese punto dulce se encuentra, a su juicio, en los valores con dividendo. Cuando el mercado entra en fases de euforia especulativa, los dividendos tienden a ser ignorados bajo la creencia de que no pueden crecer. “Es aburrido, sí, pero el poder del dividendo compuesto es extraordinario para construir riqueza a largo plazo”, subraya.
Otro de los grandes mensajes de Bernstein es geográfico. El estratega cree que estamos en el inicio de un mercado alcista secular en bolsa no estadounidense. Según destaca, existen compañías fuera de EE. UU. que crecen más rápido que las Magnificent 7, con dividendos entre siete y ocho veces superiores y valoraciones entre un 30% y un 50% más baratas.
“Los Maserati están de rebajas y a nadie le importa”, ironiza Bernstein. Dentro de sus principales posiciones figuran nombres como Mitsui en Japón, BPER Banca en Italia o Astellas Pharma. Además, muestra especial interés por small caps no tecnológicas, beneficiarias del proceso de reindustrialización, un segmento históricamente infracapitalizado.
En definitiva, el mensaje de Richard Bernstein es tan claro como incómodo: el problema no es que falten oportunidades en bolsa, sino que demasiados inversores están mirando exactamente al mismo sitio. Cuando el mercado se estrecha hasta ese punto, la historia sugiere que el riesgo aumenta… incluso aunque los índices sigan marcando máximos.