Thomas Winmill no responde al perfil clásico del gestor estrella de Wall Street. Antes fue abogado, heredó la gestión del fondo Midas Special Opportunities en 2012 y ha construido una cartera que ha logrado superar al S&P 500 en plazos anualizados de tres, cinco y diez años, según recoge MarketWatch.
Su fórmula no parece especialmente complicada, pero sí exige disciplina: comprar empresas con gran generación de flujo de caja libre, capacidad para reinvertirlo con rentabilidad y equipos directivos capaces de mantener ventajas competitivas durante muchos años.
La principal posición del fondo es Alphabet, que representa alrededor del 40% de la cartera. La inversión viene de lejos: el padre de Winmill compró acciones de la compañía a principios de los años 2000 y nunca las vendió. El coste medio de esas acciones es de apenas 9,56 dólares.
Winmill no mira Alphabet solo como una compañía de inteligencia artificial. También destaca negocios menos comentados, como YouTube, al que considera una plataforma extraordinariamente difícil de replicar. A su juicio, millones de usuarios recurren a YouTube para aprender, reparar, formarse o entretenerse, y esa posición genera una capacidad de monetización enorme.
Para Winmill, la clave de Alphabet está en su capacidad para generar caja, reinvertirla y multiplicar valor durante muchos años.
La segunda gran posición histórica del fondo es Mastercard, comprada también hace más de dos décadas a un coste medio de apenas 9,37 dólares por acción. La tesis es similar: un negocio con alto retorno sobre capital, enorme generación de caja y capacidad para seguir creciendo sin necesidad de grandes inversiones físicas.
Winmill busca empresas capaces de convertir el flujo de caja en más crecimiento. No se trata solo de comprar barato, sino de mantener negocios excepcionales durante el tiempo suficiente para que el interés compuesto haga su trabajo.
El fondo vendió recientemente AutoZone después de que el gestor detectara señales menos favorables: menor crecimiento de ingresos, recompras financiadas con más deuda y expansión hacia mercados con márgenes más bajos.
Ese capital se redirigió hacia compañías que Winmill considera de mayor calidad o que habían sufrido caídas injustificadas. Entre las incorporaciones destacan Microsoft, comprada cuando el mercado temía que la IA pudiera amenazar su posición, y Constellation Software, otra empresa que el gestor veía penalizada en exceso.
La cartera no busca modas de corto plazo, sino compañías con directivos excelentes, ventajas competitivas y capacidad real de seguir creando valor.
Winmill no ignora el entusiasmo por la inteligencia artificial, pero tampoco quiere depender de compañías cuyo negocio pueda quedar ligado a ciclos de producto demasiado cortos. Su enfoque es más amplio: invertir en empresas que puedan adaptarse, atraer talento y aprovechar las nuevas tecnologías sin depender exclusivamente de una sola narrativa.
En su opinión, compañías como Alphabet, Mastercard, Microsoft, Lam Research, JPMorgan, Constellation Software o Progressive cuentan con recursos suficientes para atraer a algunos de los mejores profesionales del mundo. Esa calidad directiva es, para él, una parte esencial de la tesis.
También mantiene Berkshire Hathaway, aunque reconoce que su rentabilidad reciente no ha sido tan dinámica como esperaba. Aun así, considera que su enorme generación de caja puede convertirla en una acción especialmente resistente durante una futura crisis financiera.
La lección para el inversor es clara: no siempre gana quien persigue la historia más caliente del mercado. A veces, la ventaja está en identificar empresas excepcionales, comprarlas a precios razonables y mantenerlas mientras sigan ejecutando bien.