Bankinter
El mercado arranca la semana en una situación que podríamos definir como “semirrota”: fuerte tensión, pérdida de referencias y elevada volatilidad, pero sin señales claras de crisis sistémica. El detonante vuelve a ser la guerra en Irán, especialmente tras la extensión de los ataques a infraestructuras energéticas, que ha alterado el equilibrio de los mercados en apenas unos días.
La semana pasada dejó un balance paradójico. Los bancos centrales no empeoraron el escenario, pero tampoco aportaron visibilidad. Ocho de los diez bancos centrales que se reunieron mantuvieron tipos, con mensajes prudentes pero poco definidos. El BCE ajustó ligeramente al alza la inflación y a la baja el crecimiento, mientras que la Fed sorprendió al mejorar sus previsiones de crecimiento, en un contexto aún controlado de inflación.
El verdadero cambio vino por el lado energético. El ataque al yacimiento de gas South Pars, el mayor del mundo, elevó el precio del Brent hasta casi 120 dólares, antes de moderarse hacia la zona de 110 dólares tras compromisos de contención por parte de Israel.
Sin embargo, el daño ya estaba hecho. El mercado reaccionó con caídas en bolsa y repunte de rentabilidades, reflejando un ajuste a un nuevo escenario dominado por la energía.
No es el nivel del petróleo lo que preocupa, sino su capacidad para desestabilizar expectativas.
El inicio de semana confirma el deterioro:
Sin embargo, hay elementos que sugieren que aún no estamos en un escenario de pánico:
Esto indica un mercado tensionado, pero todavía funcional.
El escenario actual puede interpretarse como una fase intermedia del conflicto. Mientras se define el desenlace, los activos financieros ajustan valoraciones, generando niveles potencialmente atractivos.
La clave está en el petróleo y en la capacidad de mantener operativa la salida por el estrecho de Ormuz. Si el flujo energético se mantiene, el impacto final podría ser más limitado de lo que el mercado descuenta actualmente.
Esta fase no es de destrucción de valor, sino de redistribución de precios.
El principal riesgo a vigilar es una escalada hacia operaciones terrestres. Un escenario de este tipo elevaría significativamente el nivel de incertidumbre y podría cambiar por completo la dinámica del mercado.
En ausencia de este escenario, la estrategia dominante parece orientada a un control naval y presión económica, lo que limitaría los riesgos más extremos.
El escenario más probable contempla un desenlace relativamente rápido del conflicto en su fase más intensa, en un horizonte de 1 a 2 semanas. Este escenario permitiría:
Factores políticos, como las elecciones de medio mandato en EE. UU., refuerzan el incentivo para una resolución relativamente rápida.