La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán sigue deteriorando el ánimo del mercado, pero no todos ven el momento con pesimismo. Mientras el S&P 500 encadena cinco semanas consecutivas de caídas y se deja un 8,7% desde los máximos de enero, algunas voces relevantes de Wall Street empiezan a defender que el castigo ha ido demasiado lejos y que muchas acciones de calidad cotizan ya a niveles especialmente atractivos.
Entre ellas destaca Bill Ackman. El gestor de Pershing Square afirmó durante el fin de semana que este podría ser uno de los mejores momentos de los últimos tiempos para comprar calidad. Su tesis parte de una idea sencilla: el mercado está descontando un escenario demasiado negativo por el impacto del conflicto en Oriente Medio, el repunte del petróleo y el deterioro general de la confianza inversora.
La lectura de Ackman es clara: algunas de las mejores compañías del mundo han pasado de cotizar con primas elevadas a hacerlo a precios que, en su opinión, resultan extremadamente baratos para inversores con horizonte de medio y largo plazo.
El foco de ese argumento está, sobre todo, en el sector tecnológico. Michael Darda, estratega de Roth Capital, considera que ha llegado el momento de aumentar exposición a tecnología de la información. Su razonamiento se apoya en tres pilares: las estimaciones de beneficios del sector han aumentado con fuerza desde el otoño pasado, el índice sectorial ha corregido más de un 17% desde máximos y, como consecuencia, los múltiplos de valoración se han comprimido de forma notable.
En concreto, el PER futuro del sector ha retrocedido hasta situarse apenas por encima de 20 veces, cerca de los niveles vistos tras el ajuste provocado por los aranceles recíprocos de 2025. Según esa visión, el mercado ha castigado con dureza a las antiguas favoritas tecnológicas justo cuando sus previsiones de resultados seguían mejorando, lo que abre una ventana de oportunidad para reconstruir posiciones.
El gran riesgo de este planteamiento sería una caída brusca de los beneficios empresariales. Sin embargo, por ahora el consenso sigue siendo constructivo. Según el análisis citado de Goldman Sachs, el mercado espera que el beneficio por acción del S&P 500 crezca un 12% interanual en el trimestre, lo que marcaría el sexto trimestre seguido con avances de doble dígito.
Más llamativo aún es el peso de la tecnología en esa mejora. Los analistas prevén que el sector de tecnología de la información incremente su beneficio por acción un 44%, aportando la inmensa mayoría del crecimiento agregado del índice. Eso explica por qué la inversión en inteligencia artificial y el retorno real de ese gasto volverán a ser uno de los asuntos centrales de la próxima temporada de resultados.
El problema es que el mercado sigue dominado por la prudencia. El encarecimiento de la energía, la subida de las rentabilidades de la deuda y la incertidumbre geopolítica están llevando a muchos inversores a reducir riesgo, incluso aunque las estimaciones de beneficios todavía no se hayan deteriorado de forma severa.
En definitiva, la tesis alcista se apoya en una idea concreta: si el daño macroeconómico de la guerra no termina trasladándose con fuerza a los resultados empresariales, la reciente corrección puede haber dejado una oportunidad interesante en grandes valores estadounidenses, especialmente en tecnología. Pero si el petróleo sigue escalando y presiona márgenes, consumo y tipos, el mercado aún podría exigir más castigo antes de estabilizarse.