Bill Ackman cree que el mercado está volviendo a caer en una vieja trampa: perseguir con entusiasmo la última gran narrativa y olvidarse de compañías de enorme calidad que quedan temporalmente fuera del foco. Según recoge Barbara Kollmeyer en MarketWatch, el fundador de Pershing Square compara el momento actual con lo ocurrido durante la burbuja puntocom del año 2000.
La idea de Ackman es sencilla: los inversores tienden a dirigir todo el capital de corto plazo hacia “lo nuevo”. Hoy, esa nueva frontera son los chips, los semiconductores, la energía y toda la infraestructura vinculada a la inteligencia artificial. Pero, en ese proceso, algunas compañías tecnológicas consolidadas estarían siendo tratadas como si ya pertenecieran al pasado.
Ackman recuerda que, en plena euforia por internet, muchos inversores despreciaban negocios de calidad por considerarlos “viejos”. El ejemplo más claro fue Berkshire Hathaway, que llegó a cotizar a una de las valoraciones más bajas de su historia mientras el mercado se volcaba en las compañías puntocom.
Para el gestor, algo parecido podría estar ocurriendo ahora. La diferencia es que, en esta ocasión, las compañías ignoradas no son negocios tradicionales, sino gigantes tecnológicos ya rentables, muy consolidados y con una exposición directa a la inteligencia artificial.
El mensaje de Ackman no es que la IA sea una burbuja sin fundamento. Su advertencia es que el mercado podría estar confundiendo novedad con calidad y dejando pasar empresas excelentes por perseguir los segmentos más calientes del momento.
Según Ackman, compañías como Microsoft, Amazon y Meta estarían siendo infravaloradas por el mercado. Las tres forman parte de sus posiciones y, en su opinión, combinan calidad, escala, capacidad de inversión y exposición real a la inteligencia artificial.
En el caso de Microsoft, Ackman explicó que tomó una nueva posición en febrero, después de que la acción cayera tras resultados. Para él, la compañía sigue siendo una de las ganadoras estructurales de la IA, aunque el mercado parezca más interesado en nombres directamente vinculados a chips o infraestructura.
El gestor considera que hoy todas las compañías están, de una forma u otra, expuestas a la inteligencia artificial. Algunas se beneficiarán de ella; otras sufrirán disrupción. Por eso, el análisis de largo plazo debe centrarse en entender qué negocios serán reforzados por la IA y cuáles pueden quedar erosionados.
Ackman se muestra mucho más prudente con determinadas compañías de software que no estén plenamente adaptadas a la inteligencia artificial. En su opinión, algunos negocios que durante años han disfrutado de márgenes muy elevados gracias a productos de nicho podrían ver amenazado su modelo.
El gestor menciona que cualquier compañía de software debe ser hoy “lo más AI-enabled posible”. La razón es clara: si una empresa cobra precios elevados por herramientas que la inteligencia artificial puede replicar, abaratar o integrar en plataformas más amplias, su poder de fijación de precios puede deteriorarse rápidamente.
En este sentido, Ackman señala que habría que analizar con especial cuidado compañías como Salesforce, dentro de un sector que ya ha sufrido presión bursátil este año.
El inversor también se refirió a posibles salidas a bolsa como SpaceX y OpenAI. Sobre SpaceX, Ackman destaca su posición casi monopolística en lanzamientos espaciales de bajo coste, un mercado que podría ganar importancia estratégica durante los próximos años.
En cuanto a OpenAI, considera que su modelo de negocio es interesante, aunque cree que la compañía tendrá que explicar con claridad cómo está comprometiendo capital y cómo puede convertir su liderazgo tecnológico en retornos económicos sostenibles.
La lectura de fondo es relevante para el inversor: no basta con comprar “IA” de forma genérica. Hay que distinguir entre compañías que capturarán valor, negocios que serán presionados y valores de calidad que el mercado puede estar dejando temporalmente de lado.
La reflexión de Ackman llega en un momento en el que buena parte del capital se concentra en semiconductores, infraestructura energética y compañías directamente asociadas al despliegue de la IA. Esa tendencia puede tener fundamento, pero también aumenta el riesgo de pagar precios excesivos por los nombres más evidentes.
Su mensaje no es abandonar la inteligencia artificial, sino evitar una lectura demasiado superficial. En fases de entusiasmo, el mercado suele confundir lo nuevo con lo inevitable y lo aburrido con lo irrelevante. La historia demuestra que esa distinción puede salir cara.
Para Ackman, la oportunidad podría estar precisamente en los grandes negocios de calidad que el mercado está tratando con menos entusiasmo por no parecer “la nueva novedad”. Microsoft, Amazon y Meta serían, en su opinión, ejemplos claros de compañías que siguen teniendo un papel central en la próxima fase tecnológica.