El debut bursátil de SpaceX llega con unas expectativas extraordinarias. La compañía y sus bancos colocadores han fijado el precio de la OPV en 135 dólares por acción, lo que implica una valoración superior a 1,75 billones de dólares. La cifra refleja el enorme apetito del mercado por las grandes plataformas tecnológicas, espaciales y de inteligencia artificial.
Sin embargo, más allá de Starlink, los lanzamientos espaciales o la figura de Elon Musk, algunos inversores de Silicon Valley apuntan a una fuente de valor menos evidente: la capacidad de SpaceX para monetizar potencia de cálculo, desarrollar modelos de inteligencia artificial y aprovechar herramientas de programación asistida por IA.
Brad Gerstner, fundador y consejero delegado de Altimeter Capital, considera que el mercado puede estar pasando por alto la capacidad de SpaceX para construir un nuevo mercado emergente alrededor de la inteligencia artificial. La posible adquisición de Cursor, herramienta de codificación basada en IA, aparece como una pieza relevante dentro de esa tesis.
La idea es que SpaceX no solo consume capacidad de cálculo, sino que puede convertirla en una plataforma de entrenamiento, ejecución y monetización de modelos. En ese marco, los scripts desarrollados por usuarios de Cursor podrían alimentar nuevos modelos de Grok, reforzando el ecosistema tecnológico asociado a Elon Musk.
El punto que genera más dudas es la ambición de crecimiento. Los escépticos cuestionan que SpaceX pueda pasar de unos ingresos de 18.000 millones de dólares el año pasado a cerca de 160.000 millones en tres años. Ese salto exige una ejecución excepcional y una expansión simultánea de varias líneas de negocio.
Gerstner, sin embargo, considera que ese objetivo no es imposible. Su argumento se apoya en tres motores: la expansión de Starlink, la monetización de la computación y el crecimiento de los negocios vinculados a inteligencia artificial. Para los alcistas, SpaceX no debe analizarse solo como una empresa aeroespacial, sino como una infraestructura tecnológica global.
Gavin Baker, socio gerente de Altreides Management, mantiene una visión claramente positiva sobre SpaceX. En su opinión, una posible caída fuerte tras el debut no cambiaría necesariamente la tesis de fondo. Para él, la compañía encaja más en una estrategia de mantener a largo plazo que en una operación táctica de corto plazo.
Baker también destaca que, tras los acuerdos de computación con Google y Anthropic, la valoración de SpaceX habría pasado de unas 100 veces ingresos de los últimos doce meses a unas 39 veces. La cifra sigue siendo muy exigente, pero menos extrema si se asume que la compañía puede escalar ingresos de forma acelerada.
La conversación también derivó hacia Nvidia y su capacidad para adaptarse a un negocio en evolución. Si los grandes clientes de Jensen Huang empiezan a competir con Nvidia desarrollando sus propios chips, Baker plantea que Nvidia también puede competir con ellos ampliando su presencia en computación en la nube y modelos de inteligencia artificial.
La compañía ya cuenta con modelos propios, como Nemotron, y dispone de una posición privilegiada en hardware, software y ecosistema de desarrolladores. Si la economía de la IA cambia, Nvidia podría transformarse en uno de los mayores proveedores globales de computación en la nube más rápido de lo que el mercado espera.
Gerstner y Baker coinciden en que los proveedores de inteligencia artificial generarán suficientes ingresos para justificar buena parte de la inversión que están realizando las grandes tecnológicas. Gerstner estima que el sector podría alcanzar unos 300.000 millones de dólares en ingresos el próximo año, mientras Baker cree que la cifra podría ser incluso superior.
La defensa de esta tesis se basa en la adopción masiva por parte de empresas y consumidores. Millones de compañías y usuarios están pagando por herramientas de IA porque perciben mejoras reales en productividad, eficiencia y capacidades. Para los alcistas, esa demanda es la mejor prueba de que el ciclo puede continuar.
Los principales valores afectados son SpaceX, Nvidia, Google, Anthropic, Adobe y las compañías vinculadas a herramientas de programación asistida por IA. También pueden verse influidos los proveedores de infraestructura de centros de datos, chips, nube y redes ópticas. Si el mercado compra la tesis de que SpaceX es una plataforma de IA y computación, el impacto puede reforzar el apetito por compañías de infraestructura tecnológica; si la valoración se percibe excesiva, podría aumentar la presión sobre todo el bloque de crecimiento ligado a IA.